El huevo de la serpiente

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Ya desde su arranque, en el que las imágenes (Margaret Thatcher, la Guerra de las Malvinas, las revueltas callejeras, etcétera) de los informativos de los primeros años ochenta se suceden al ritmo de una pegadiza canción reggae de Toots and the Maytals, This is England, octavo largometraje de Shane Meadows (24:7, Dead man's shoes), asume esa doble vertiente realista-dramática de tan larga y rica tradición dentro del cine británico desde los días del free cinema. Estamos, para que no haya dudas, en ese terreno de la ficción con voluntad de crónica y hechuras prestadas del documental, en ese espacio formal propicio para asestar golpes críticos a una realidad incómoda, molesta y opresora. Con un ojo en la fórmula de Ken Loach y otro en la dimensión fabuladora del mito y la tragedia, el cine de Meadows nos propone una lección moral sobre nuestro tiempo a través de un acercamiento a personajes en los que se encarnan de manera ejemplar las enfermedades sociales de su tiempo, en una suerte de determinismo que los conduce, tal vez sin conciencia, hacia las fauces del odio, la violencia y la muerte.

Si en Dead man's shoes Meadowsreescribía el regreso del hijo pródigo en un ambiente de insoportable hostilidad para reflexionar sobre los mecanismos de la venganza, This is England nos acerca a la formación de un (falseado) espíritu nacional, de innegables connotaciones fascistas y nazis, a partir del desencanto de las clases trabajadoras que observan como, una vez más, son el pasto y el sacrificio necesario para las grandes hazañas políticas. La guerra es el eco lejano y doloroso para una pandilla de skin heads a los que Meadows retrata con justa distancia antropológica e incluso cierta simpatía cultural, un grupo en el que, sin embargo, germinará pronto la semilla del odio y la violencia tras la llegada de un viejo colega dispuesto a llevar a cabo su particular revancha de resentimiento. A través de los ojos del cachorro aprendiz (soberbio Thomas Turgoose, suya es la película), vemos en This is England el nacimiento de una serpiente venenosa que circula hoy por Europa sin necesidad de visado ni pasaporte, la serpiente de un fascismo que empieza siendo inocente y juguetón y que, finalmente, se acaba cobrando las vidas de los inocentes.

Si el mensaje de la cinta es claro e incluso plausible, a Meadows se le va la mano, como ya ocurriera en su anterior película, en la excesiva dramatización del asunto, en innecesarias salidas líricas y coqueteos con el videoclip, una mano delatora de los mecanismos escritos y la voluntad de estilo que, en todo caso, no logran emborronar un cine de enorme potencia dispuesto siempre a poner el dedo en las llagas que revelan el lado animal y fiero de nuestra condición humana.

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