Del humor en los toros o cómo engañar al miedo

Mano a Mano, el ciclo que organiza Cajasol y que se propone cruzar la tauromaquia con "otras facetas de la cultura", reunió ayer a Eduardo Dávila Miura, matador de toros retirado hace un año y medio, y César Cadaval, la mitad de Los Morancos. Para José Enrique Moreno, periodista y moderador de la charla, la cita era "arriesgada" sólo aparentemente, pues el humor, una gracia contada a tiempo, dijo, sirve a los toreros para "engañar al miedo" en los momentos de debilidad.

Buen aficionado, gran amigo de toreros y ganaderos y primo de banderilleros, César Cadaval trató de ponerse serio, pues el toreo también lo es. Tanto, que "ser figura del toreo es lo más difícil que hay, junto con ser Papa, que sólo hay uno". Enseguida comenzó a contar anécdotas, y así, en un amigable toma y daca con Dávila Miura que provocó las carcajadas del público, recordó una borrachera en Pamplona con José Manuel Soto y Enrique Ponce, a causa de la cual acabaron toreando coches en medio de la calle a las siete de la mañana; y una historia de Matías Tejela, que tuvo que salir un momento del callejón para ir a orinar, "porque iba a reventar", y luego el vigilante de seguridad no le dejaba entrar, a pesar de que, por su indumentaria, era evidente que algo tenía que ver con aquel asunto.

Dávila Miura, por su parte, recordó a un antiguo picador, poco hablador y estudiante de Quinto de Medicina, hecho éste que sólo se supo cuando, tras examinar una radiografía, emitió él mismo un diagnóstico sobre la lesión en la rodilla de un miembro de su cuadrilla. O el terrible apuro que pasó cuando, como a Tejela, la vejiga le jugó una mala pasada y le obligó a pelear perentoriamente contra la taleguilla y los leotardos... en las afueras de la plaza de un pueblo de Jaén, a la vista de los perplejos viandantes.

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