La inquieta mirada del pintor

  • El sevillano Luis Gordillo abre la temporada en la Galería Rafael Ortiz con la exposición 'Contraespejo(s)', una muestra que reúne un total de 24 obras entre pinturas y dibujos.

Contraespejos(s). Luis Gordillo. Galería Rafael Ortiz, Mármoles, 12, Sevilla. Hasta el 31 de octubre.

En la sala que se abre a la derecha de la puerta de la galería, en la pared de la izquierda, hay un cuadro pleno de color titulado Descripción. Junto a él, otro, de mayor formato, parece casi reproducirlo aunque de él han desaparecido los rosas, magentas, violetas y olivas del primero. Queda sólo una gama de grises a la que se superponen dos trapezoides (uno brillante, oscuro el otro) y unos trazos de color. Esta obra, Contraespejos, es una reproducción fotográfica, en blanco y negro, de la primera. Impresa sobre lienzo, el autor le añade las formas que he señalado.

El trabajo se asocia casi sin querer con un texto de Michel Foucault. En él dice que la utopía es aquel espacio, ideal e irreal, en el que nuestro modo de vivir aparece invertido: cuanto aquí y ahora origina escasez, injusticia o violencia la utopía lo desplaza hacia algo que producirá abundancia, equidad o libertad. En las diversas culturas suele haber otros espacios donde la vida normal también se suspende o aun se invierte, pero, a diferencia de la utopía, estos espacios existen, son del todo reales. Ejemplo de este otro tipo de espacios es la prisión y en otro tiempo lo fueron los internados o los sitios donde se cumplía el servicio militar obligatorio. Foucault llama a estos espacios heterotopías. Añade enseguida que hay un lugar donde utopía y heterotopía confluyen. Ese lugar es el espejo.

En el espejo, en efecto, se forma, como en la utopía, la imagen irreal e invertida de quien se mira en él, pero a la vez, ese objeto llamado espejo produce la imagen de algo real aunque separado de donde estamos. Por eso, desde la mirada que tal imagen separada me dirige, vuelvo poco a poco hasta mí mismo para formarme ahí, donde estoy, y así, me aseguro de qué aspecto tengo e intento corregirlo, si es necesario (y posible).

La reflexión de Foucault parece un eco de otra de Leonardo da Vinci al recomendar al pintor enfrentar el cuadro a un espejo porque, decía, en la imagen que produce, es donde mejor se puede juzgar (y corregir) la pintura.

Quizá en nuestra época haya otro lugar donde utopía y heterotopía se superponen: la fotografía. Produce una imagen que no está en ninguna parte pero cuya indudable realidad nos interpela. Quizá todo esto guarde relación con el trabajo de Gordillo que evidencian Descripción y Contraespejos. La fotografía en blanco y negro suprime el color, deja desnuda la forma que adquiere así mayor nitidez, y el autor trabaja sobre ella al estilo de una variación musical.

La calidad de estas obras recientes no debe ocultar que Gordillo explora desde hace tiempo estos caminos. Cuando la impresión digital era imposible, recurrió al offset y al fotograbado para examinar el alcance de la forma, privándola de color, y establecer con sus fragmentos ritmos que cabría llamar horizontales porque la forma, al perder el color, se hace más plana pero adquiere mayor dinamismo.

Que el color para Gordillo implica profundidad es algo que se advierte en una de las obras más logradas de la muestra, titulada No te miro, no te veo. Unas casi figuras hacen pensar en los cristales de unas gafas que se interrumpen bruscamente por un rectángulo de lados blancos en los que vuelven aparecer esas lentes, ahora completas. Es quizá una reinvención de la antigua figura del cuadro dentro del cuadro. Se asocia por una parte a la doble mirada del pintor sobre su trabajo, ya presente en Descripción-Contraespejo, sólo que ahora la superposición de mirada-cuadro-mirada trabaja sobre todo en profundidad.

Puede extrañar que una pintura moderna se ocupa de la profundidad, si desde el cubismo la perspectiva ha desaparecido del cuadro. No es la misma profundidad: la de la perspectiva era óptica y ésta es mental, de pensamiento, como cuando, al reflexionar, sospechmos inquietos que hay aún algo importante que no tenemos en cuenta. Tal vez esta preocupación esté sobre todo presente en los dibujos de la entreplanta de la galería. Algunos se organizan mediante una forma central que recuerda a una cabeza y está rodeada de rasgos y trazos que se deslizan por debajo de ella en interminables superposiciones. ¿Son tal vez estos dibujos imagen del pensamiento débil, esto es, de ese modo de pensar (y de ser) que prefiere cuestionar las propias afirmaciones y convicciones para evitar toda sombra de dogmatismo? Tampoco éste es un tema nuevo en Gordillo. Pero se agradece que lo reitere cuando el pensamiento único ha llegado a niveles insoportables. No anuncian sus obras una alternativa pero promueven una actitud, la de una crítica permanente. Y ésta, al fin, es una manera de mantener viva la vieja ilusión de la utopía.

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