La madre de Zeus, la mujer de un tal Toni

  • 'Sex symbol' cuando en España eso era pecado, Sara terminó girando por los platós con su marido cubano

Los niños de los famosos no se llamaban entonces Milan, ni Brooklyn, ni términos por el estilo, para dotarles de personalidad única desde que gatean por las portadas. Pero ella y su marido para toda la vida, el empresario cultural Pepe Tous, decidieron hace treinta años que sus retoños adoptados se llamaran Thais y Zeus. Sara, la diosa madre de Zeus, esa artista que levitaba y parecía amodorrarse en sus palabras y rictus y a la que, siempre, decían, le ponían una media en el objetivo para que se le difuminaran las arrugas.

Para un bagaje declinatorio durante los últimos 40 años, a la manchega Antonia le fue muy bien en su notoriedad mediática, vistiéndose de misterio aunque nunca llevara sujetador, como le gustaba confesar. Los minutos televisivos con Sara parecían traídos desde Las Vegas, o eso se les antojaba a los espectadores españoles, manchegos esenciales. Su halo algo decadente se fue reformando en una pátina kistch a mediados de los 80, cuando fue reclamada por Javier Gurruchaga y piropeada por Pedro Almodóvar. La Montiel, estrella en el Paseo de la Fama madrileño, siempre fue unos cuantos metros por delante de sus compañeras coetáneas. La más bella durante años era una sex-symbol cuando eso era pecado; se divorciaba cuando sólo ocurría en las películas; tomaba una impostura de izquierdas a contracorriente de sus amigas; y fue la primera de su generación en enseñar el pecho. También se convirtió en papilla de tertulia cuando el glamour se le escapaba cachetes abajo, en una de esas huidas a ninguna parte que también vimos con Marujita Díaz. En 2002 se casaba con el cubano Toni Hernández y el cabildo de Majadahonda nunca vio tantas cámaras reunidas, ni tanto espacio y minutos dedicados a este pueblo con alma de urbanización. Toni llegó a los programas diez años después del fallecimiento de Tous, el punto de inflexión cuesta abajo de la criptanense. Las cosas ya no volvieron a ser igual sin Pepe. A su lado Saritísima hizo sus dos programas televisivos, ambos para la Segunda Cadena cuando en realidad no era La 2: Ven al Paralelo y Sara y Punto. En este talk show la manchega se convertía en alfa y omega de la Movida, una revisión femenina del Viaje con nosotros de Javier Gurruchaga. Su aparición en 1989 en Tariro, tariro, el masaje de La Trinca, le abrió las puertas a su espacio propio, como le sucedió a otros invitados.

Para la MTV llegó a ser la imagen de los premios en Barcelona en su nupcial 2002. "Marvellooous", pronunciaba con su deje de diva en el ocaso. En otros países causaba risa esta proclamación pseudopatriótica.

La mujer de Toni Hernández terminó deambulando por platós, condenando lo que parecía más un matrimonio de conveniencia que otra cosa, mientras Zeus intentó sin nada de fortuna seguir la estela artística.

La musa de León Felipe, el amor de Miguel Mihura o Severo Ochoa terminó enfrentándose a Karmele Marchante y Jesús Mariñas, reflejo de lo que fuimos y de lo que hemos llegado a ser como ciudadanos. Sara llegó a aparecer en una serie, Ketty no para, una flojísima telecomedia para La 1 con Soledad Mallol, de las Virtudes. La actriz valía mucho más por lo que podía contar de una vida que parecía más una ficción, vivencias que a veces parecían surgir de la fantasía y la exageración. Pero sólo la existencia de Sara Montiel congrega tan heterodoxa galería de nombres y anécdotas. En La 2, sí, en ese canal, se estrenó en febrero de este año un reportaje de Crónicas titulado El sueño de Sara. Puede degustarlo en www.rtve.es. También en el portal de la corporación pública puede hallar el impagable Mujeres para una época, estrenado en 1985, dedicado a su matrimonio con el cineasta Anthony Mann, epiloguista de las superproducciones contra aquel invento que nacía en los 50, la televisión. Ese medio donde Sara Montiel y el pestiño de Toni Hernández firmaron su desahucio.

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