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De los muros a la sed, el rito de la supervivencia

  • El malagueño José Pablo García publica 'Vidas ocupadas' (Dibbuks), crónica en viñetas de la difícil existencia cotidiana en Palestina.

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Existe una lógica concreta en el hilo que conduce desde La Guerra Civil Española (Debate), adaptación al cómic de la obra del historiador Paul Preston, a Vidas ocupadas (Dibbuks), el volumen que hace apenas unos días publicó el autor malagueño José Pablo García: comparecen en ambos casos territorios destruidos y víctimas de la barbarie en carne y hueso. Pero lo cierto es que cuando la oportunidad de hacer Vidas ocupadas llamó a su puerta de la mano de Acción Contra el Hambre y la Agencia Española de Cooperación, La Guerra Civil Española era todavía un ambicioso proyecto, inédito y en los márgenes de lo posible. El propio dibujante y guionista explica a este medio el proceso: "Acción Contra el Hambre buscaba al autor idóneo para hacer este cómic, así que acudió a la editorial Dibbuks y pidió un listado de candidatos. Finalmente me escogieron a mí, y la verdad es que al principio me costó comprender las razones de la elección. Yo nunca había hecho nada relacionado directamente con la temática social, ni nada narrado en primera persona en tono testimonial, tal y como querían. Pero parece que les gustó mucho Las aventuras de Joselito, así que me lo ofrecieron". Dicho y hecho: Vidas ocupadas está ya en las librerías y sirve como auténtico registro en viñetas del día a día en un territorio tan complejo y castigado como Palestina. Un trabajo que confirma ya a José Pablo García como un agente imprescindible del cómic hecho en España.

Las aventuras de Joselito (Reino de Cordelia, 2015) causó un verdadero impacto con su multiplicidad de lenguajes iconográficos y sirvió en bandeja a García la realización de otros trabajos como el celebrado La Guerra Civil Española y este Vidas ocupadas, para cuya realización pasó el malagueño diez días en Palestina, en un trayecto que abarcó desde Nablus hasta Gaza, junto a los cooperantes de Acción Contra el Hambre y en plena exposición a la cruda realidad de 4,5 millones de palestinos: "En realidad pronto comprobé que buscaban una mirada poco experta en cuestiones sociales para que fuese capaz de contar aquello de manera más neutra, con una disposición más abierta. Me hicieron hincapié en que retratase ante todo los problemas de la vida diaria, los aspectos que menos reflejan los medios de comunicación, como por ejemplo la carestía del suministro de agua. Los acuíferos de Gaza están ya vacíos y la red de alcantarillados está en su mayor parte destrozada, pero casi nunca se habla de esto. Tampoco es habitual encontrar información sobre los riesgos en cuanto a seguridad alimentaria, ni sobre los beduinos que viven cerca de los asentamientos israelíes y que menudo son marginados y ridiculizados. Así que tuve que esforzarme especialmente para contar todo esto", explica José Pablo García, quien señala que las expectativas antes del viaje no fueron menos abrumadoras: "Antes de ir allí me preocupaba la dimensión del reto, la responsabilidad que implicaba tratar un tema tan delicado. Y también, no lo ocultaré, llegué a sentir miedo por mi propia seguridad. Una vez allí, sin embargo, todo resultó más fácil. Fui tomando notas y haciendo fotos y poco a poco el cómic se armó en mi cabeza".

En las 88 páginas de Vidas ocupadas, José Pablo García se atiene a la petición previa por parte de sus promotores de una narración testimonial, en primera persona, a través de un alter ego, un dibujante de cómics como el mismo García que recibe el encargo de hacer una obra sobre Palestina: "Es la primera vez que acudo a este recurso, y hay que admitir que para este tipo de proyectos resulta muy efectivo. Cuando narro mi propia experiencia en el viaje a través de este personaje se reduce el tono trágico que el lector espera encontrar en un cómic así, hay una mayor complicidad. Los cooperantes de Acción Contra el Hambre me pidieron que no adoptara un tono muy militante, que no dibujara una historia política, sino que ofreciera más bien algo que combinara mi experiencia personal con la realidad de Palestina y el trabajo que la organización desarrolla allí. Me sugirieron que no fuera beligerante, sino amable y sutil, y por mi parte creo que si se trata de retratar una determinada realidad las consignas políticas terminan entorpeciendo. No hay nada de esto en Vidas ocupadas, sino una historia de gente que lucha por salir adelante a diario en condiciones muy adversas". A la hora de ponerse manos a la obra, García admite la (inevitable) influencia de maestros que también han adoptado un registro testimonial para hacer crónicas en viñetas, como el maltés Joe Sacco (Palestina. En la franja de Gaza) y y el canadiense Guy Delisle (Crónicas de Jerusalén, Pyongyang), si bien, "aunque las había leído en su momento, no volví a leerlas para evitar que pudiera copiar cosas de manera inconsciente. Aunque ahora, la verdad, me arrepiento de no haber vuelto a ellas, seguro que me habrían dado herramientas interesantes". Con su segunda colaboración con Paul Preston a la vuelta de la esquina, José Pablo García ya es un autor de cómics de todas las latitudes. El mundo se muestra rotundo en cada una de sus viñetas.

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