Crítica de Música

Un músico imprescindible

Raimundo Amador celebró por todo lo alto en el Lope de Vega sus 40 años de carrera musical. Raimundo Amador celebró por todo lo alto en el Lope de Vega sus 40 años de carrera musical.

Raimundo Amador celebró por todo lo alto en el Lope de Vega sus 40 años de carrera musical. / víctor rodríguez

Veinte años después Raimundo lo dio todo. Dos décadas hacía de la última presentación en Sevilla, al frente de su banda, del mayor de los hermanos Amador. Y lo dio todo: tocó la guitarra eléctrica, la flamenca y cantó. Temas de su propio repertorio como No estoy para nadie, Ay, qué gustito pa mis orejas o Gitano de temporá, una composición en la que nuestra ciudad queda retratada. También Bolleré, ese himno.

Pero como veinte años son algo más que nada, este concierto era también un espectáculo para nostálgicos. Y no faltaron temas de los diferentes proyectos que han marcado la trayectoria del guitarrista, y de la música española contemporánea, por tanto. De Veneno sonó otro himno, Pata palo. Y de Pata Negra, lógicamente, temas como Lunático o Camarón. Pero no quedó ahí la cosa porque Raimundo homenajeó también a sus héroes de forma que escuchamos, en versiones personalísimas, a The Beatles, Jeff Beck, Sting o Amy Winehouse. Con las composiciones de Lennon, Stevie Wonder o Kiko Veneno el concierto ganó profundidad y belleza. Aunque la fuerza nunca faltó. Amador es un músico superdotado capaz de meter notas donde parece imposible. Un improvisador nato. Sus versiones, propias o ajenas, son siempre recreaciones. El concierto trascurrió con espontaneidad y bastante improvisación, por lo que en ocasiones hubo algún desliz técnico. Pero todo queda compensado con creces por la naturalidad de la que disfrutamos y por la generosidad de Amador, que permaneció dos horas y media en escena. Lo único que realmente lamento en este sentido es que se malograra la presencia de un músico genial como Sorderita. Después de hacer de corista toda la noche resultó que cuando le tocó su solo tuvo que cantar con el micrófono de la señorita Pepis, y no oímos nada. Y fue una pena porque se trataba de A mi Ray, una de las obras mayores de José Soto Sorderita. La parte más flamenca fue una bulería en la que Raimundo recordó sus inicios acompañando al baile, en este caso al Torombo y al Bobote, dos bailaores tan esenciales como distintos, puro corazón el primero, solidez y fuerza el segundo. La elegancia la puso Pepe Torres por soleá aunque la voz de Guillermo Manzano tampoco dispuso del espacio que merece.

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