El nuevo 'Naruto', directo a la encía

Naruto Uzumaki, el ninja adolescente que guarda en su interior el espíritu de un aterrador demonio, ha vuelto a la portátil de Nintendo cinco meses después de que el pasado Naruto: Ninja Council irrumpiera en el mercado. El nuevo Naruto: Ninja Destiny es algo más simplista en lo relativo a la historia, aunque muy superior a su predecesor en el apartado técnico. La lucha vuelve a estar de moda, y aunque las ínfulas de este juego no trascienden en exceso las habituales tendencias del combate más tradicional, se deja ver el esfuerzo claro de la DS en conseguir un producto de cada vez mayor calidad visual. El concepto de lucha en tres dimensiones alcanza cotas realmente estimables de fluidez móvil, así como de detalle en el modelado de los personajes, y aunque se echa de menos algún tutorial aclaratorio de los mandos principales, su empleo se va descubriendo con facilidad apenas jugadas algunas partidas.

El punto débil más importante es quizá el que emparenta este título con los seguidores de la saga del manga original: el modo historia, ciertamente ininteligible si no se es incondicional de la serie; su desarrollo no cuenta con un cuidado excesivo, y se limita al empleo de bustos parlantes congelados. Un inconveniente que se olvida con facilidad cuando accedemos a la lucha en sí, especialmente si atendemos a los divertidos golpes especiales: la técnica de multiplicación, el abanico gigante, o la bolsa de arena son algunos de los originales ataques que restan vida al enemigo, narrados con un estilo más cercano al anime que los frontalismos habituales del género de lucha. Del resto de posibilidades, es especialmente reseñable la teletransportación, con la que muy a menudo podremos despistar a nuestros contrincantes para asestarles un golpe por la espalda. Lindezas a pesar de las cuales, Naruto: Ninja Destiny es un juego que ensalza la amistad y la bondad con nuestros semejantes como estilo de vida. Una vez más, el universo manga consigue hacernos tragar sus particulares estructuras éticas. Y que sea por muchos años.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios