La odisea de Biberkopf, el héroe 'fassbinderiano'

La obra de arte que decidió una vida. BerlinAlexanderplazt, la novela de Döblin, no sólo fue, para Fassbinder, la mayor influencia de su obra -en las películas previas y posteriores a la adaptación de este clásico de la literatura moderna a la televisión- sino la que le logró explicar, al releerla, su yo más íntimo: la escisión entre verdugo y víctima, entre sádico y masoquista. Así, si en su filmografía Fassbinder se puso de lado de todos los Franz Biberkopf (la lista es larga, los protagonistas de Katzelmacher, La ley del más fuerte, En un año con trece lunas, Bolwieser, etcétera), en su vida privada fue, sobre todo, un Reinhold, un segador, caprichoso y voluble, ingrato y magnético.

Es entonces esta Berlin Alexanderplatz -auténtico acontecimiento su restauración y edición por todo el mundo- un manual para entender al artista y acercarse al hombre. Sus más de quince horas -trece capítulos y un epílogo- representan un documento único de televisión adulta -impensable, incluso en el actual repunte del audiovisual seriado, encontrar semejante despliegue formal-, el esfuerzo titánico de adaptar, respetando al máximo, una novela polifónica, caleidoscópica, de estirpe joyciana, en la que lo culto y lo popular se relacionan con complejidad. Fassbinder optó por el collage, punteando la historia melodramática de textos sobreimpresionados, voces que subrayan o actúan de contrapunto de lo que la imagen muestra, repitiendo o variando los temas, haciéndolos progresar o quebrándolos abruptamente -el fruto, también, de una realización musical, rompedora (Schönberg), melódica (Weill), como recordó Lardeau en un análisis de la influencia de este monumento.

Franz Biberkopf -el hombre-niño, que quiere ser honrado tras pasar por la cárcel y termina sus días vaciado, listo para ser un nacionalsocialista más-, Reinhold -el hombre-reptil, sofisticado en su vocación para causar el mal, en la explotación del semejante- y Mieze -la mujer-payaso, Gelsomina sin pizca de suerte- forman el triángulo de BerlinAlexanderplatz (modelo de todos los ménageà trois previos y posteriores en el cine del alemán), representando los primeros las caras enfrentadas de una misma persona, de ahí lo estrecho del vínculo, la inexplicable reincidencia de Biberkopf en su periódico retorno a Reinhold para recibir y aumentar el castigo. Se trata, en el fondo, del tema del doble; y cuando uno ve su reflejo, por muy deformado que esté, sólo espera la desaparición, pues ya se sabe muerto: es la consecuencia del video, ergo non sum. Crónica ésta, entonces, de otra muerte anunciada.

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