Del oportunismo y la desgana

Nadando siempre a favor de corriente, adoptando a cada nuevo título el inequívoco rostro del oportunismo, tirando de titulares de prensa para justificar un costumbrismo social de superficie; complaciente, en definitiva, con las formas dominantes del audiovisual fast-food que se ha implantado en nuestro país en las dos últimas décadas, el cine de Fernando Colomo, acompañado aquí por los muy afines guionistas Joaquín Oristrell e Inés París, a la sazón hijos de su misma fórmula acuñada en la comedia madrileña de los 80, se disuelve como un azucarillo en el café (descafeinado) del cine español, despersonalizado e intercambiable con tantos otros títulos trazados con una misma fórmula y protagonizados por un mismo elenco coral de rostros conocidos.

Rivales apunta su leve voluntad sociológica con chistes sobre catalanes y españolistas, culés o madridistas. Poco más. El resto, hilvanado en una estructura narrativa coral que camufla en lo episódico lo inconsistente de su dramaturgia, reescribe en clave de buen rollo los tópicos más ramplones del costumbrismo ibérico de bar de carretera y los adereza, al más puro estilo de la era del talante, con los ya inevitables guiños a la comunidad homosexual (no hace mucho fue a la cosa multicultural: El Próximo Oriente) y a otros asuntos de fugaz presencia en el telediario nuestro de cada día.

Los actores, sólo los actores, y no todos (gran Rosa María Sardá: ella sola tiene una película propia), dignifican con su revival sainetesco una comedia desequilibrada y estirada, filmada con esa desidia televisiva en la que no importa ya ni tan siquiera el contraplano. Más allá de su oportunismo futbolero y de su indisimulado diseño de sitcom con product placement, nada hay en Rivales que la aparte de su destino natural: el consumo rápido e indoloro y el consecuente olvido sin dejar huella.

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