El premio Valle-Inclán está aquí

Impresionante. El año de Ricardo, escrito, dirigido, escenografiado, vestido e interpretado por la escritora, directora, escenógrafa, figurinista y actriz Angélica Liddell es un monumento teatral desde su génesis... hasta la portentosa actuación de esta actriz que se deja la piel en el escenario desde principio a fin.

El tratamiento de la tiranía, el estudio taxidérmico de los regímenes políticos, la disección de las frágiles e inéquivocas grietas de los sistemas democráticos, la descripción de cualquier fenómeno que huela a dictadura son algunos de los temas que conforman esta catarata de ideas que son inefablemente transmitidas por Angélica Liddell en su faceta de actriz.

Un personaje, Ricardo, podrido por su enfermedad, que une la biografía con la historia al convertir en determinante su aflicción física con sus reacciones en el poder, es interpretado, al borde del paroxismo, por Liddell que demuestra ser un golem de la interpretación. Llena de registros, poseedora de una fuerza sobrehumana, la pieza transcurre ofreciéndonos un casi insoportable para el espectador derroche de registros interpretativos.

Lleno de aciertos, el texto tiene tal claradivencia que asusta. Acumula tantos datos que extenúa y, perdón por mi incultura, pero si no está publicado pide a gritos su impresión en papel para ser leído y disfrutado con calma.

La densidad de la obra se acusa en algún momento, sobre todo, cuando se repite el discurso.

Con todo, estamos ante un hermoso trabajo, una denuncia explícita y una interpretación titánica que hacen que al verla entendamos que el teatro sigue vivo.

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