La progresión minimalista e iconoclasta del maestro

El absurdo sintoniza con el clasicismo de forma inclasificable en la ópera de bolsillo El Fervor de la Perseverancia, el último objeto arrojadizo del maestro Carles Santos. Catorce lámparas de tamaño considerable alzándose y alimentándose por los acordes de un piano más que percusivo.

Infinidad de textos surrealistas lanzados, escupidos por Ycobalzeta, actriz explícitamente desnuda, creciente en su discurso incisivo y contemporáneo, encarnando al personaje que vive y va a todas partes con la nota si bemol, inspirado en cierta actitud vital del norteamericano LaMonte Young, en contraposición y futuro entendimiento con el rol de la mezzo I. Schneider, acompañada al piano de Santos en obras deT. L. de Victoria, H. Wolf, y también anécdotas cantabiles trastocadas alusivas a J. Cage o G. Ligeti -obras para cien metrónomos o cien afinadores de piano, o el hombre que quería dirigir el mar-.

Santos se divierte hasta tal punto que incorpora un vídeo de animación porno-cómico para preludios de Chopin que acaba con el pianista pillado por la tapa... sí. Un ridículo y fresco ejercicio lúdico seguido de baile de la lavadora en marcha y sobre ella la actriz. Tópicos cotidianos destrozados socarrona e irónicamente con el telón lieder de Wagner. Santos está en plena forma, desplegando su talento iconoclasta.

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