Los próximos 25 años

  • Endesa y el Maestranza coeditan un libro donde 25 artistas comparten sus memorias y emoción para celebrar el primer cuarto de siglo del teatro y la ROSS

Detalla de la portada del libro. Detalla de la portada del libro.

Detalla de la portada del libro.

En una ciudad como Sevilla, en la que los proyectos culturales se vinculan demasiadas veces a las personas que los impulsan, y por eso resultan tan a menudo efímeros, que el Teatro de la Maestranza haya cumplido 25 años (en un par de semanas serán 26) debe ser saludado con alborozo, aunque sin estridencias ni triunfalismos. El cuarto de siglo vivido por el teatro es un éxito colectivo, pero sobre su futuro conviene ser prudentes.

La crisis económica de la última década, que le estalló encima justo recién terminadas unas obras de ampliación que supuestamente iban a facilitar el aumento de sus actividades, cuando las administraciones que lo sostienen habían expresado sus deseos de fortalecerlo y contribuir a su crecimiento, ha afectado notablemente a su proyecto artístico, mermado en la cantidad, la variedad y el riesgo de su oferta. Este hecho, unido a los problemas económicos que arrastra desde hace años la ROSS -parte indisoluble del proyecto de renovación cultural asociado a la Expo'92-, una orquesta con un presupuesto cada vez más precario no sólo para el mantenimiento de su propia plantilla, sino para la programación y la contratación de directores y solistas, debería hacernos reflexionar sobre el sentido último de unas instituciones que sólo resultan socialmente útiles si son capaces de capitalizar la excelencia, combinando la capacidad de producción propia al máximo nivel de competencia con la exhibición de propuestas originales, creativas e innovadoras de otros centros.

Cada vez se contempla como más necesario el apoyo decidido de aficionados y empresas

Aunque los indudables logros de este tiempo, vividos con pasión y entusiasmo por muchos aficionados, puedan hacer pensar en que el del teatro y la orquesta es un proyecto cultural auténticamente consolidado, en realidad se trata de una experiencia aún juvenil y por ello de rumbo inseguro. 25 años es un tiempo demasiado corto para asentarse de forma irrenunciable en una ciudad como Sevilla. Teatro y orquesta son aún frágiles, como demuestra la crisis interna vivida en los últimos años que se saldó con la abrupta marcha de Remedios Navarro de la gerencia de ambas instituciones en el verano de 2016 (a fecha de hoy, la orquesta, recordemos, sigue sin gerente).

El compromiso de las administraciones públicas sigue siendo imprescindible para mantener la esperanza en la vuelta a un plan artístico mucho más ambicioso (y la mejora económica debería notarse ya en sus dotaciones presupuestarias), pero cada vez se contempla como más necesario el apoyo decidido de eso que se da en llamar la sociedad civil, sintagma con el que se alude a un binomio esencial en el futuro de teatro y orquesta: el mundo empresarial y los propios aficionados. Aunque se ha avanzado bastante en los últimos años, se precisa todavía una participación más intensa de las grandes empresas en el patrocinio; una ley de mecenazgo ayudaría, pero su ausencia no puede ser aducida permanentemente como excusa. Igual de importante resulta la lealtad de un público que hasta ahora mantiene una fidelidad notable, pero que debería usar los medios a su alcance (y el asociacionismo es un buen recurso, como demuestran los éxitos de la pujante Asociación de Amigos de la OBS) para vigilar y exigir la mayor diligencia por parte de los responsables de ambas instituciones.

Sevilla necesita un Maestranza y una ROSS fuertes, ágiles, con capacidad para atraer a los ciudadanos a través de un proyecto de excelencia, variado, innovador y atrevido, que les permita ocupar un espacio en la oferta cultural española acorde con las aspiraciones de una ciudad y una región que no desean quedarse ancladas en el pasado. Los 25 grandes artistas internacionales que han colaborado con el Maestranza y dejado su testimonio en el libro 25 años de Pasión presentado ayer han formado una estela imborrable en la memoria de muchos. Estos son sus nombres: Plácido Domingo, Teresa Berganza, Ainhoa Arteta, Leo Nucci, Juan Pons, Carlos Álvarez, Daniel Barenboim, Michel Plasson, Pedro Halffter, John Axelrod, Giancarlo del Mónaco, Carlus Padrissa, José Carlos Plaza, Carmen Laffón-Jacobo Cortines-Juan Suárez, Javier Perianes, Juan Pérez Floristán, Ángel Corella, María Pagés, José Mercé, Miguel Poveda, Esperanza Fernández, Juan Carlos Romero, Joan Manuel Serrat, Les Luthiers y Pasión Vega.

Como hombros a los que subirse para avizorar el futuro, la nómina resulta incontestable. Pero el tiempo no se detiene. Los próximos 25 años han comenzado ya.

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