Las ramas de un gran árbol de sombra

  • La exposición 'De lo vivo a lo contado' recorre en el Teatro Central la vida y obra del Premio Cervantes Caballero Bonald, "paradigma difícilmente igualable" de la literatura española

Servirían ya las conquistas de una obra en constante evolución, la asombrosa capacidad del autor para seguir reinventándose en la veteranía, para atribuir a José Manuel Caballero Bonald un papel incontestable en la historia de la literatura española. Pero el jerezano pertenece a esa categoría privilegiada de intelectuales que despiertan fascinación no sólo por su obra, también por su vida. De esa apasionante biografía en la que estuvo en contacto con los escritores más destacados del siglo XX, también de la figura tutelar en que se ha erigido para los creadores que le siguen; de otros temas como su elección de Doñana como geografía sentimental para sus libros, su profundo conocimiento del flamenco o sus años de residencia en Colombia, da testimonio la exposición De lo vivo a lo contado. La muestra, que inauguró ayer el Premio Cervantes junto al consejero de Cultura y Deporte, Luciano Alonso, y el escritor Felipe Benítez Reyes, comisario de la cita, se puede ver hasta el viernes en el Teatro Central, punto de partida de un recorrido que tendrá otras escalas en Alcalá de Henares -donde estará desde el día 23, cuando se entregue el Cervantes-, Cádiz, en julio, y Málaga, aún sin fecha cerrada, las primeras provincias andaluzas por las que girará esta iniciativa para la que se ha editado un cuidado catálogo que, al despliegue de fotografías, correspondencia y portadas de libros, suma la valoración de compañeros como Pere Gimferrer, Luis García Montero, Antonio Muñoz Molina, José Manuel Benítez Ariza o Juan Bonilla.

La personalidad única del autor de Ágata ojo de gato, el lúcido descreimiento del que ha hecho gala en sus últimos y memorables poemarios como La noche no tiene paredes o Entreguerras, quedó de manifiesto ayer cuando habló con ironía del discurso que ya tiene "prácticamente escrito" para la entrega del Premio Cervantes. "Voy a intentar que no pase de la media hora, que es el límite de tiempo que admite el ser humano oyendo hablar a otro", bromeó tras confesar sentirse "atolondrado" con "las muestras de afecto, supongo que muchas de ellas verdaderas", que ha recibido en los últimos meses. Caballero Bonald, elegido Autor del Año por la Junta, centrará su intervención del día 23 en "el Cervantes perdedor, medio clandestino, que andaba por aquel Madrid de Felipe II y por la babilónica Sevilla del Barroco, que se movía por esos escenarios de una manera marginal, siendo todavía un desconocido, mientras iba almacenando el esplendor de El Quijote". El galardonado reconoció que prefería "no pensar" en los actos que le esperan: además de esta exposición -que se complementa con la que se inaugura hoy en la Biblioteca Infanta Elena con libros del autor en braille-, su persona será objeto de otros homenajes como las jornadas Leyendo a Caballero Bonald que se celebran hoy y mañana en la fundación del autor en Jerez, o la Feria del Libro de Sevilla, que dedica su próxima edición al narrador y poeta.

Benítez Reyes resumió ayer la veneración que Bonald despierta en sus sucesores -en su texto, Muñoz Molina dice de él que es "ese gran árbol de sombra que ha estado siempre ahí"- señalando que "en un oficio tan incierto como el de la creación, él es un paradigma difícilmente igualable". No es, observa el roteño, "sólo un inconformista ante la vida, la Historia, también ante lo literario. No se conforma con haber creado unos patrones: Entreguerras, por ejemplo, es una apuesta radical más propia de un joven".

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