Por la rebeldía, contra las doctrinas

  • Rodríguez Almodóvar reivindica en el pregón inaugural que la literatura infantil "no sea tratada con benevolencia" El escritor muestra su rechazo a algunas versiones edulcoradas del presente

El escritor Antonio Rodríguez Almodóvar (Alcalá de Guadaíra, 1941) inauguró ayer una nueva edición de la Feria del Libro de Sevilla con un bello y trabajado pregón en el que reivindicó para las literaturas infantil y juvenil que no fueran tratadas "con benevolencia, sino con rigor, como cualquier otra". En su discurso, este experto en tradición oral consagrado a la recuperación de cuentos populares -un autor, como destacó Esperanza Alcaide, presidenta de la Asociación Feria del Libro de Sevilla, "con el que ha aprendido a leer medio país"- lamentó que se contemplaran las narraciones para niños y jóvenes con "un cierto desdén o paternalismo", como "quehaceres literarios de rango supuestamente menor" y "literatura invisible. Sólo un par de veces al año (el día de Andersen, el otro no me acuerdo) se repara en su existencia", defendió.

El responsable de proyectos como Cuentos de la media lunita y Cuentos al amor de la lumbre empezó su intervención recelando de ese extremo cuidado con el que ahora se suavizan los relatos para no perturbar las mentes infantiles. "En la tertulia campesina, o en la del hogar, no se hacían distingos entre grandes y chicos. Se contaba para todo el que estaba por allí, y ya está. Luego, cada cual se enganchaba al relato, a la canción o al romance que más le gustaba. No se decía 'niño, tápate los oídos o salte un ratito a jugar", argumentó Rodríguez Almodóvar, antes de señalar que "no había censura previa, ni mucho menos se atendía a ese artefacto de lo políticamente correcto, que él solo puede acabar con la literatura toda, la grande y la chica". El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil se mostró categórico en la defensa de su tesis: "En materia de lo que conviene o no conviene a la mente infantil, perdonen que me atenga a una verdad de Perogrullo: si un niño entiende algo, es que su mente ya está por hacerlo. Y si no lo entiende, no pasa nada; si acaso se aburrirá un poco más".

El también novelista y dramaturgo, elegido hace unos meses académico correspondiente de la RAE, situó alrededor de la aparición de la Alicia de Lewis Carroll el momento en que surgiría el concepto de literatura infantil. Pero se inquietó ante las derivaciones que brotarían luego: la literatura juvenil. "¿Qué excitante y turbadora literatura no será también para los jóvenes?", se preguntó. En esta modalidad recurrió a sus propias lecturas para intentar ubicarse: el Viaje a la luna de Verne, las Aventuras de Guillermo Brown de Richmal Crompton o Las mil y una noches "de una legión de autores anónimos" afloraron en su memoria. En esos mundos "tan admirables como dispares" encontró "un hilo sutil" como denominador común. "El del espíritu de rebeldía, la transgresión... en suma, el hilo de acero de la libertad".

El autor, que presentará el lunes en la Feria del Libro los cuatro últimos volúmenes de la colección Cuentos de la media lunita, prosiguió el pregón resaltando la lucidez y libertad de aquellos textos, su "ausencia total de doctrinas. Lo mismo que ocurre, es curioso, en los cuentos populares, los auténticos, claro está. No los adaptados, edulcorados, recortados... con moralinas y moralejas a granel. ¡Cuánto molestaban a Ana María Matute las moralejas! Los niños son niños, no tontos, solía decir. Con ello invitaba a que se les dejara extraer, a ellos solos, la secreta sustancia de la que son portadores los cuentos, sin andaderas ni postizos. En su nombre me permito decir: Vadre retro, moralistas. Aquí no pintáis nada", declaró.

Entre las curiosidades que Rodríguez Almodóvar compartió con el público estuvo el inesperado apoyo que la literatura infantil ha encontrado en la neurociencia. De una serie de artículos que exploran cómo evoluciona el cerebro gracias a las historias literarias, el autor destacó una idea del profesor de la Universidad de Granada Juan Mata: "El lenguaje nos afecta intelectual y emocionalmente, tanto a través de su contenido como de su estructura". A partir de esta teoría, el escritor, un "incorregible estructuralista", aseguró comprender mejor la insistencia de los niños "en escuchar repetidamente una misma historia, sin cambios ni añadidos. Porque les ayuda a construir el andamiaje mental, la básica y simple capacidad para conocer, aquello que Machado -siempre Machado- llamaba las entendederas. De ahí que cuanto mejor esté construida una historia, o más atractivo sea un poema, por sus diversos ritmos, más se adapten a esa función primera de la mente. No es ni siquiera preciso que informen de contenidos concretos. Sirve el puro disparate, pero que esté bien dicho y bien construido (...) Si modificamos la estructura de una historia, o de unos versos insuperables, estamos moviendo unos andamios recién levantados. Por eso protestan los niños cuando no te acuerdas de cómo era aquello... pues sucede que aquello estaba consolidando su capacidad intelectiva".

Antonio Rodríguez Almodóvar, ayer

en la Plaza Nueva.

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