Crítica de Cine

El regreso del dúo Collet-Serra y Neeson

Liam Neeson, en una escena de la película dirigida por Jaume Collet-Serra. Liam Neeson, en una escena de la película dirigida por Jaume Collet-Serra.

Liam Neeson, en una escena de la película dirigida por Jaume Collet-Serra.

A lo largo de siete años y cuatro películas interpretadas por Liam Neeson (Sin identidad, Sin escalas, Una noche para sobrevivir y la ahora estrenada) el cineasta catalán Jaume Collet-Serra se ha afirmado, tal vez por su formación americana, como algo muy raro entre nosotros: el artesano que domina los resortes del cine comercial de género y lo demuestra al rodar una y otra vez la misma película logrando hacerla parecer distinta y siempre atractiva. Esta habilidad para hacer variaciones sobre un mismo tema, y así explotar una fórmula de éxito, era lo que demostraba el oficio de los buenos directores de géneros.

Collet-Serra ha de sortear además otro obstáculo. Sus películas con Neeson son una variante de otro filón -en parte heredado de Charles Bronson- explotado hasta agotarlo: el del vengador de los ultrajes sufridos por su familia (Venganza, Venganza: Conexión Estambul, Venganza 3). Dado que la colaboración entre Collet-Serra y Neeson se inició tres años después de Venganza, el realizador español tenía aún más difícil su tarea de jugar con el mismo estereotipo haciéndolo parecer cada vez lo suficientemente fiel a las líneas maestras del personaje y las situaciones para atraer al público fidelizado y lo necesariamente distinto para no cansar. Y además lo ha superado.

No es desdeñable el oficio de este director: logra que el mismo guiso sepa distinto

Si en Sin identidad Neeson era un médico de visita en Berlín a quien le roban su identidad, en Sin escalas un vigilante de vuelo enfrentado a un asesino y en Una noche para sobrevivir, fundiéndose las líneas de Collet-Serra y la serie Venganza, un asesino a sueldo obligado a defender a su familia, en El pasajero -sumando una vez más las dos vertientes de Neeson-interpreta al ciudadano común y corriente que, tras un encuentro aparentemente casual con una excelente Vera Farmiga, se ve metido en una trama conspirativa que pone en peligro su vida y la de su familia; despertando -digámoslo así- al tigre que dormía dentro del aparentemente anodino empleado y hombre de familia. Lo que el avión era en Sin escalas lo son aquí los trenes de cercanías. Y la cosa funciona, no pese a sonar a ya vista, sino precisamente por eso: con el añadido de un arranque que engancha con excelentes maneras cinematográficas y unas pocas pero muy espectaculares especies que van del suspense laberíntico a la pelea agónica y el cine de catástrofes, Collet-Serra logra que el mismo guiso sepa distinto.

No es desdeñable el oficio de este director. No es fácil este ejercicio de variaciones sobre un mismo tema interpretadas por el mismo actor. Viniendo de tramposas cacas de luxe aplaudidas, multipremiadas y probablemente oscarizadas como Tres anuncios en las afueras o Call Me by Your Name (ayer me hizo sentir menos solo Javier Marías en El País: "Si leo una novela o veo una película o una serie espantosas, no falla que las ensalce la crítica y reciban premios"), esta película ofrece el honrado entretenimiento del cine comercial artesanal que no engaña a nadie.

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