Hernán Cortés Moreno. Pintor

"En estos retratos mi rival era yo mismo"

  • La Cumbre Iberoamericana de Cádiz acoge la inauguración de 'Retratos para una Constitución', su repaso a los políticos más influyentes de los últimos 30 años.

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Hernán Cortés Moreno (Cádiz, 1953) volvió ayer a su patria chica para inaugurar en el corazón del Bicentenario de La Pepa, en plena Cumbre Iberoamericana, la exposición Retratos para una Constitución que, con la imagen del rey Juan Carlos presidiéndola, retrata a los principales líderes españoles de los últimos 30 años. Esta batería de políticos "es el mayor encargo institucional realizado en España a un pintor desde el siglo XIX", subraya el autor. Desde su casa madrileña al pie del Retiro, asocia el sentido del espacio y el silencio en su obra a "mis paseos por la playas de la mano de mi padre". "Esa sensación de inmensidad, que daba ese paseo por las playas, sobre todo en invierno, puede tener que ver con esa búsqueda del espacio que aparece en mi pintura", agrega.

-¿Cómo surgió el proyecto de mostrar estos retratos en Cádiz?

-Por iniciativa de la alcaldesa de Cádiz y del Ayuntamiento. Una de las ideas más interesantes era que pudieran exponerse los políticos conmemorativos que pinté para el Congreso y el Senado. Probablemente no vuelvan a salir de las Cortes, porque son dos obras que cumplen un papel representativo muy importante y es complicado cederlas. Era una oportunidad irrepetible. Estas dos obras han girado en torno a la Constitución de 1978: en el caso de la Cámara Baja, son los padres de la Constitución, en el de la Cámara Alta, han sido senadores de la legislatura constituyente, que influyeron mucho en la aplicación de esa carta magna.

-¿El conjunto de retratos de Padres de la Constitución es su obra más importante?

-Las dos obras tienen mucha relación entre sí. Y, desde luego, la del Senado era más difícil de ejecutar. Por eso tardé casi cuatro años en terminarla, mientras que en la del Congreso empleé dos. No olvidemos que en la de la Cámara Alta son 34 retratos, mientras que en la de la Cámara Baja son siete figuras. Como en España no se habían hecho encargos de retrato institucional de esta categoría desde el siglo XIX, para mí fue un enorme orgullo que me confiaran estos dos retratos colectivos tan importantes.

-¿Quién se lo puso más fácil como retratado y quién menos?

-En el caso de estas obras conmemorativas no hubo grandes dificultades de ese tipo. Había mucha documentación y buscaba la armonía de conjunto. Pero no olvidemos que así como en otros casos, cuando yo coloco un retrato mío en una galería con otros pintores, busco la diferencia para que se aprecie mi estilo, en éste, mi rival era yo mismo. Luego lo que he ido buscando es una unidad, un retrato de conjunto. La obra es el conjunto, no la individualidad. En otras ocasiones, sí he tenido modelos que han sido muy difíciles de retratar; por ejemplo, Javier Solana. Era un hombre que aunque entendía bien el lenguaje de la pintura, era muy impaciente y nervioso posando. Su retrato está hoy colgado en el Ministerio de Exteriores.

-A Felipe González no le hizo mucha gracia que lo pusiera de perfil, ¿no?

-Se sintió incómodo cuando decidí hacer su retrato de perfil. Imagino que con el tiempo se habrá acostumbrado. Pero este sentimiento no es exclusivo de González, pues si eres un pintor que busca retratar de manera incisiva, al retratado le resulta difícil adaptarse, al comienzo, a la imagen que das de él.

-¿Sabe dónde está actualmente el cuadro de Felipe González?

-Como se trata de su cuadro como presidente del Gobierno está en el Palacio de la Moncloa.

-¿Ha construido una sólida amistad con algún retratado?

-Para retratar con cierta agudeza debes distanciarte del modelo y huir del cultivo del sentimiento de simpatía o antipatía. Eso no quiere decir que a la larga, dado que el proceso dura mucho tiempo, no aparezca la amistad. Esto ocurre en la mayoría de los casos: empiezas pintando al representante de una institución y, cuando terminas, te das cuenta que estás firmando el retrato de un amigo.

-¿Es el Casado de Alisal del s. XX?

-El papel que cumplía el retrato en aquella época era muy distinto al de hoy. Por supuesto que me gustaría hacer un retrato como el que hizo Casado de Alisal a Sagasta, porque tiene una categoría impresionante. Pero el retrato pictórico hoy, con la abundancia de imágenes que hay de los hombres públicos a través de los medios, debe ahondar más en la psicología del retratado. Debe ser fruto de la tensión entre dos seres humanos, entre el que pinta y el que se retrata, y debe incluso ahondar más en la captación del ser humano que se esconde detrás del personaje público. Creo que actualmente el buen retrato debe ser menos adulador de lo que era en los siglos XVIII y XIX.

-¿Se siente pintor de cámara de la Casa Real?

-No. Esa figura ha desaparecido. Claro que he retratado a miembros de la Casa Real. Pero he pintado también a muchos más escritores o personajes de la cultura, financieros, científicos... Lo que pasa es que los retratos de los miembros de la Casa Real han sido más difundidos y por eso se te asocia constantemente a ella. Hice un retrato al Rey en ropa deportiva. Me parecía importante que hubiera un cuadro suyo con esa indumentaria representativa de su amor al deporte, alejado del retrato áulico, que es el que más abunda. Después ha sido una imagen muy utilizada.

-¿Le falta algún miembro de la familia real por retratar?

-La infanta Elena.

-¿Se puede ser republicano con ese elenco real?

-Vivimos en una democracia. Y me parece bueno reconocer el gran papel que jugó el Rey en el advenimiento de dicha democracia y de las libertades que de ella se derivan. La obligación de un pintor de retratos que aspire a cierta plenitud en su campo es representar el amplio espectro social a través de sus protagonistas.

-¿Le molesta que algunos medios hayan querido convertir en escándalo sus honorarios?

-Son situaciones que resultan incómodas. Pero creo que siempre he intentado ser claro: el arte del retrato es de una enorme dificultad y exige para su buena ejecución de una altísima especialización y, por lo tanto, es caro.

-¿Cuál es su obra cumbre?

-No suele ser el pintor la persona indicada para señalar sus mejores obras. Pero sí puedo decirle cuáles han sido las más importantes para mí en mis comienzos. Por ejemplo, el retrato de Dámaso Alonso que hice para la Real Academia. Fue mi primer retrato importante en Madrid, y sentó las bases de lo que posteriormente sería mi labor pictórica.También está el dibujo de Jorge Guillén, en el que aparecen dos elementos tan queridos en mi pintura: la herencia de la pintura abstracta y la representación del ser humano en su fragilidad.

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