Los señores del ritmo

El ritmo está, sin duda, en el origen de la música. Las pulsaciones del corazón materno marcan la vida del hombre desde antes de su nacimiento. Por ello, su importancia en la música popular fue siempre decisiva, pero en la culta conoció etapas en que fue considerado un parámetro secundario, siempre a la sombra de la armonía o de la melodía. Hubo que esperar al siglo XX para que los grandes clásicos (Stravinski, Bartók) redescubrieran el ritmo, elemento en el que centró su actuación el Cuarteto Petersen.

En efecto, tanto la obra de Prokofiev, repleta de elementos populares, como la de Schulhoff, escrita en los alegres (y, por tantas razones, terribles) años 20 destacan por su componente rítmico, pero es que el TercerCuarteto de Schumann tiene un final en forma rondó marcado también por un ritmo martilleante y contagioso, que se queda prendado en el oyente incluso mucho después de haberlo escuchado.

Fundado hace casi 30 años, el Petersen no es uno de los cuartetos más conocidos de Alemania, aunque el martes mostró notable competencia. Su sonido quizá no resulte tan redondo ni tan empastado como el de otros conjuntos punteros. Es más, en la primera parte del programa pareció buscar conscientemente sonoridades acres, abiertas, descarnadas, como dejándose llevar por la riqueza rítmica de las obras. Muy moderado en contrastes resultó en cambio el Cuarteto de Schumann, que pareció mirado desde el mundo del Clasicismo, hasta ese frenético Finale, en que los arcos volvieron a galopar al pálpito incesante de su naturaleza indómita.

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