Una sinfonía para 'Carmen'

  • La Sinfónica propone hoy y mañana la proyección de la película de DeMille (1915) con la banda sonora basada en la ópera de Bizet interpretada en vivo

Entre los mitos románticos españoles ninguno ha sido tan tratado por el cine como el de Carmen. Posiblemente, muchos aficionados tengan aún presentes las versiones que bien arrancando de la novela de Prosper Merimée (1847), de la ópera de Georges Bizet (1875) o de una combinación de ambas hicieron en las últimas décadas Carlos Saura (1983, con Laura del Sol en el rol principal) o Vicente Aranda (2003, con Paz Vega). Los más cinéfilos quizás recuerden la U-Carmen eKhayelitsha filmada en 2005 por Mark Dornford-May en un ambiente surafricano, que ganó el Oso de Oro de Berlín, o Prénom, Carmen de Godard (1983). La Carmen Jones de Otto Preminger (1954) tuvo también gran predicamento en su momento y para el cine más folclorista quedan, entre otras, La Carmen de Julio Diamante (1976) con la bailaora Sara Lezana como la gitana, Carmen la de Ronda de Tulio Demicheli (1959), con Sara Montiel, Carmen, la de Triana, que Florián Rey rodó en Berlín en 1938 a mayor gloria de su recién esposa, Imperio Argentina, o Los amores de Carmen, de Charles Vidor (1948), con una inolvidable Rita Hayworth cantando en un español macarrónico e incomprensible.

Pero mucho años antes de eso, cuando el cine peleaba aún por salir de las barracas de feria, Carmen figuraba ya entre sus personajes preferidos. De 1907 data un pequeño filme de 12 minutos del británico Arthur Gilbert. En 1911, los hermanos Ramón y Ricardo de Baños y Alberto Marro, grandes pioneros del cine español, ruedan una versión de unos 25 minutos con el título de Carmen o la hija del bandido que se dio un tiempo por perdida, pero al parecer ha sido rescatada en Uruguay. Por esos años se documentan varias versiones en Francia e Italia. Incluso en 1913, Augusto Turchi y Giovanni Doria vinieron a España para hacer una Carmen de metraje considerable (74') inspirada directamente en la ópera de Bizet.

Cuando en 1915 Cecil Blount DeMille se propone hacer Carmen, su primera intención parece ser también comprar los derechos de la ópera, pero su alto coste le llevó a basar el guión de la película en la novela de Merimée, que era ya de dominio público, aunque en realidad el resultado de su trabajo es una mezcla de las dos fuentes, con el material organizado de una forma muy peculiar y con mayor peso de la parte operística: aquí Don José vigila una brecha en la muralla de una ciudad innominada (andaluza, pero no Sevilla) por donde los contrabandistas introducen sus fardos, como en la novela, pero aparece el personaje de Escamillo, torero, como en la ópera (en lugar del picador Lucas, que es el original de Merimée), y todo el final trágico, junto a la plaza de toros de Sevilla, es calcado de la ópera, para la que los libretistas de Bizet lo crearon ex novo. Para terminar de decantar el fiel de la balanza hacia el flanco operístico, la protagonista de DeMille es una gran estrella de la lírica de la época, la soprano norteamericana Geraldine Farrar, que tenía entonces 33 años y estaba en la cúspide de su carrera, lo que daba a la producción un empaque que muchos vieron como una forma de legitimar el estatus artístico del cine.

Otra de las grandes estrellas de la naciente industria cinematográfica, Wallace Reid, que fallecería ocho años después, con sólo 31, a causa de su adicción a las drogas y el alcohol, hacía el papel de Don José, y Pedro de Córdoba daba vida a Escamillo. De especial interés son las imágenes de la lidia, que aunque no son las primeras filmadas de corridas de toros, pues los hermanos Baños habían hecho ya numerosas grabaciones la década anterior, sí puede que sean las primeras aparecidas en una película de ficción. La acción está notablemente condensada, pues la película no llega a la hora de duración, y no alcanza el tono realista y verosímil que Jacques Feyder le daría en 1927 con Raquel Meller de protagonista en la que posiblemente sea la mejor producción muda sobre el personaje de la cigarrera (un extenso largometraje de más de dos horas y media). El film de DeMille fue restaurado en 1997, añadiéndosele como banda sonora la música extraída de la ópera de Bizet con arreglos de Hugo Riesenfeld (el autor de la música para Amanecer de Murnau) que fue la que que sonó el día de su estreno, el 1 de octubre de 1915 en el Symphony Hall de Boston, y que será la que esta noche y mañana tocará la ROSS en su original 14º programa de abono del curso.

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