La singular subversión de los herederos de Luis de Góngora

  • 'Campo de Agramante' ofrece una nueva mirada a la Generación del 27

Antes de que los poetas que después conformarían la Generación del 27 se congregaran en Sevilla invitados por el Ateneo hispalense, desde algunos mentideros de la ciudad se despachó con desaire el homenaje a Góngora que iba a celebrarse. Ilustrativos, en este sentido, son los dardos que lanzaba un tal Tipsius desde el marco de El Liberal, el diario de mayor tirada por aquel entonces. "Hoy más que nunca es difícil la inventiva, la inspiración. Porque la forma está cohibida por las nuevas tendencias de un futurismo absurdo y una métrica decadente", lamentaba el rotativo, que calificaba el panorama literario como "triste, expresión de una época fría, sin emoción ni acento, infecunda para el genio heroico de la rima". Estas afirmaciones forman parte del catálogo de curiosidades que ha recogido el profesor Manuel Bernal Romero en el número 8 de Campo de Agramante, la revista de la Fundación Caballero Bonald, cuya última entrega -presentada ayer en el Ateneo con la presencia del autor jerezano- dedica parte de sus contenidos a conmemorar el 80 aniversario de aquel mítico encuentro poético.

Bernal Romero explica que "dado que no se podían contar muchas novedades" sobre la Generación del 27, prefirió esbozar su acercamiento al grupo desde otro enfoque: planteándolo como una crónica periodística y recurriendo a las fuentes, los periódicos de entonces y los testimonios de Alberti y Gerardo Diego sobre aquellos días excéntricos y enfermos de literatura. Sumido en esta documentación, el especialista descubrió algunas peculiaridades que acompañaron la estancia de los poetas en la ciudad de la revista Mediodía. Por ejemplo, que mientras los letraheridos tenían a Góngora en la cabeza, la población se enfrascaba en otras inquietudes: el mismo fin de semana se enfrentaron el Betis y el Sevilla. Aunque, en realidad, según Bernal Romero, aquella "pléyade de jóvenes ansiosos de fama" -definición de Juan Ramón Jiménez- no sentía tanta debilidad por el autor de las Soledades como ha trascendido. "Excepto por Gerardo Diego y Dámaso Alonso, los verdaderos promotores del homenaje, los demás se acogieron a Góngora porque les venía bien para celebrar algo. También se barajó optar por Lope, pero significaba esperar hasta el 35", expuso ayer el especialista. El profesor desgranó ante el auditorio un puñado de anécdotas: entre ellas, que la desmadrada manera de conducir de Fernando Villalón hizo vomitar a García Lorca, que se prometió no volver a subirse a un automóvil con el mismo piloto, o que Alberti tildó la convocatoria de "gran fracaso" por la cantidad de escritores y músicos que declinaron la oferta de participar en aquel acontecimiento.

Caballero Bonald, por su parte, expresó sus reticencias a la etiqueta de Generación del 27. "Yo prefiero llamarlo grupo, lo de generación es una sinécdoque que ha sido engañosa, porque se trata de un grupo dentro de una generación". El autor de Ágata ojo de gato confesó que descubrió a los integrantes del 27 "en la posguerra", cuando mantenía reposo por una afección pulmonar y llegó a sus manos una antología de poesía realizada por Gerardo Diego. "Aquello supuso un punto de partida. Descubrí una dignificación de la palabra poética", afirma. El jerezano considera que la historia de las letras transpira en las composiciones de Alberti, Cernuda o Lorca. "Leer a los poetas del 27 es repasar cuatro siglos de literatura. Su vigencia en los libros que vinieron después es fundamental", aseguró.

La presentación de la revista, dirigida por Jesús Fernández Palacios, quiso transportar al público a los tiempos del homenaje. Para ello, la pianista madrileña Alejandra Pacheco interpretó composiciones de Federico Mompou, coetáneo de aquellos revolucionarios inspirados por la estética rotunda de Luis de Góngora.

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