"Hay que tener un corazón de acero para mantenerse en la cumbre"

  • El diestro sevillano conmemora hoy su trigésimo aniversario de alternativa, que le concedió Manuel Benítez 'El Cordobés', compañero de fatigas de su padre, en la plaza de toros de La Merced de Huelva

Dicen que los viejos toreros nunca se retiran. A Juan Antonio Ruiz Espartaco (Espartinas, 1962) le localizamos cuando está a punto de hacer unas compras, junto a su hija Patricia, y hacer las maletas para viajar a Pontevedra, donde torea mañana junto a Ponce y Morante de la Puebla. Ha sumado ya otras dos corridas -Olivenza y Nimes- y le queda otra en Villaluenga, con Ruiz Miguel y Ortega Cano, "en la que sumamos los tres más años que la propia plaza", se ríe de su broma un Espartaco que hoy conmemora tres décadas como matador de toros.

-Juan Antonio, hoy hace 30 años un chavalín de Espartinas recibía la alternativa de El Cordobés. ¿Qué supuso aquello?

-Fue una experiencia inolvidable. Conseguía un objetivo, un sueño. En principio, me iban a dar la alternativa Ordóñez y Paula en Jerez, en julio, en la denominada corrida del arte. No pudo ser. Y me la dieron en Huelva El Cordobés y Manolo Cortés. El destino me tenía reservado que fuera Huelva, una plaza muy especial para mí. Yo, de niño, veía pasar a todas las figuras por la carretera de mi pueblo, camino de las Colombinas, cuando no había autovía. Eso para mí, todos los años, era como un rito. Y salir de mi casa camino de la plaza de Huelva para la alternativa fue una sensación única, un sentimiento que nadie puede imaginar. Además, El Cordobés, grandiosa figura reconocida en el mundo entero, había toreado de novillero con mi padre. En sus comienzos pasaron muchas fatigas.

-Ha estado a punto de torear en estas Colombinas para conmemorar su efeméride. ¿Por qué no ha sido contratado?

-Es verdad que la empresa quería. Me dieron en todo momento facilidades, lo que agradezco. Pero tenían prácticamente la feria hecha y decidí no estar. Ha sido una pena. No se me quita de la cabeza. Me gustaría hacer algo para estar en Huelva. Han hecho una feria con unos carteles muy atractivos.

-Usted pulverizó marcas quedando líder en 1982 y del 85 al 91. ¿Cómo vivió aquella época?

-Lo importante no era el récord de torear más; si no de ser el número uno. Quedar el primero durante tanto tiempo supone asumir una gran responsabilidad. Es difícil que se pueda repetir. Será muy difícil. En aquella vorágine fui consciente de lo que hacía. Tenía capacidad para triunfar. Eso no quiere decir que como ser humano tuviera en algún momento un bajón, bien por cogidas u otras circunstancias. Pero lo más significativo era mi capacidad para triunfar. Otros necesitan descansar para coger aire.

-¿Piensa en algún torero determinado?

-No, no, no.

-¿Y cómo valora esa etapa desde la perspectiva que da el tiempo?

-Ahora valoro más a aquel Espartaco. Ahora no tendría esa capacidad. Hay que tener un corazón de acero para mantenerse en la cumbre, como hice en aquellos años. Hay que ser un superdotado. No quiero decir que yo lo haya sido.

-Paradójicamente, en 1995, una lesión de fútbol le destrozó su vida torera.

-El fútbol me encanta. En un partido benéfico, contra la droga, en Mestalla, tuve una lesión muy grave de rodilla. Era cuando ya no buscaba cifras y estaba toreando mejor que nunca. Fueron cinco operaciones de la rodilla derecha en cinco años. Llegué a pensar que ya no podría hacer una vida normal. Ni poder saltar, ni correr. Pero creo que se torea como se es y también se es en la vida como se torea. Y salió a flote el Espartaco que se entrega sin límites y conseguí superar la lesión.

-Fue un tiempo en el que recorrió varios hospitales y no arrojó la toalla.

-Sí. He podido conocer figuras. Pero cuando estuve a punto de quedarme inválido conocí a auténticos héroes anónimos y aprendí muchas cosas entre tanto dolor. Saqué una lectura muy positiva de todo. Escuchaba. Valoraba. Me di cuenta, al compararme con otras personas que lo tenían mucho más difícil, de lo afortunado que era.

-En su desesperación llegó a marcharse a Houston.

-Sí. Allí operan a los grandes jugadores de la NBA. Mi lesión era idéntica a la que suelen tener los baloncestistas. Y fui a buscar una solución. Por cierto, los mejores médicos están aquí. Algunos jugadores, con los que hice amistad, creían que me había lesionado corriendo en los Sanfermines y que me operaba para correr en ellos. Que mi triunfo consistía en llegar el primero en el encierro. Cuando les explicaba que lo hacía para estar preparado y quedarme quieto delante del toro no lo entendían. La mayoría se quedaban deslumbrados cuando les enseñaba algún desplante. Todos decían que debía ganar mucho dinero. Cuando al lado de ellos, lo de los toreros es como una propina.

-¿Cuál ha sido el mayor triunfo de su vida?

-No haber cambiado nunca. Ser la misma persona, siendo fiel a mis raíces.

-¿Qué es lo más importante que le ha dado la Fiesta?

-Me lo ha dado todo. Pero por encima de lo económico me quedo con el respeto, la admiración, la responsabilidad, la disciplina y el amor a los demás. Y en muchas ocasiones, las tragedias que he vivido en compañeros y en mí.

-¿Y qué le ha quitado?

-La infancia, la juventud, muchas cosas. En el toreo tienes que dejar parte de tu vida si quieres triunfar. De lo contrario, es imposible llegar a figura del toreo.

-¿Qué representa Espartaco en la historia del toreo?

-No sé. Yo siempre he estado en la línea de dar todo lo que llevaba dentro. Según dicen otras figuras, mi gran virtud es que he tenido capacidad para sacar partido a un altísimo porcentaje de toros. Eso es algo muy importante, que inicié. El bueno, se puede torear; el malo es imposible. Pero con el regular es muy difícil triunfar y yo lo he conseguido.

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