La tensión de la emoción

Ciclo Liszt. Programa: Lieder de Ferenç Liszt. Soprano: Cecilia Lavilla Berganza. Piano: Miguel Ituarte. Lugar: Teatro de la Maestranza (Sala de ensayos de orquesta). Fecha: Miércoles 21 de diciembre. Aforo: Casi lleno.

Fue la de anoche una velada para el recuerdo y para el gozo por múltiples motivos. En primer lugar, por tener la posibilidad de disfrutar de un recital íntegramente centrado en las canciones de concierto de Liszt, posiblemente el apartado de su catálogo menos divulgado. Injustamente, además, porque se trata de un universo apasionante, cuajado de maravillosas sorpresas, de una calidad y de una profundidad inatacables, especialmente las de la última época, ya casi entrando en las experimentaciones armónicas de Hugo Wolf, como ese Lasst mich ruhen que sobrecoge a la vez que asombra por su hondura expresiva y por sus audacias tonales.

En segundo lugar, por tener de nuevo la oportunidad de disfrutar del arte de Cecilia Lavilla, una cantante inquieta, que huye de los repertorios y géneros más manidos y que prefiere indagar en terrenos pocos transitados en los que encontrar maravillas como las que nos presentó ayer. La técnica vocal es irreprochable, con una perfecta colocación de la voz que evita las notas de gola o nasales y que hace que el sonido brille y se proyecte. En un panorama tan variado de afectos y expresiones como el de este programa, Lavilla convenció por la soltura en el manejo de recursos técnicos, especialmente en su facilidad para regular y apianar. Su legato fue de libro y su fraseo infinitamente detallado. Y, por último, por el magnífico, preciso y poético piano de Ituarte, de una sutileza y precisión raras en estos menesteres.

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