Una tradición desprotegida

  • 'BURGUESES IMPERFECTOS'. Jordi Gracia. Fórcola. Madrid, 2015. 240 páginas. 22,50 euros.

Publicado originalmente en catalán y revisado ahora para la edición castellana, Burgueses imperfectos propone una colección de ensayos sobre varios autores de lengua catalana, todos ellos canónicos pero poco o nada convencionales, que a juicio de Jordi Gracia han encarnado una forma de "heterodoxia intraburguesa", es decir, el ejercicio de la disidencia desde dentro de la clase en la que se inscriben. Es sabido que la consagración de los escritores tiene el efecto de domesticarlos o de simplificar tanto sus figuras como el alcance de su obra, por motivos interesados o de mera comodidad. Desde sus singularidades respectivas, como "agentes desestabilizadores o guerrilleros éticos", aunque moderadamente disolventes, Pla, Gaziel, Joan Oliver, Ferrater Mora, Joan Ferraté, Castellet, Gimferrer o Margarit, representan para Gracia -como Maragall, D'Ors, Villalonga o Fuster- una manera escéptica, nada dogmática, de entender la cultura, no propiamente rebelde pero tampoco acomodaticia y a su modo transgresora, en tanto que no sometida a la opción o el gusto mayoritarios.

Todos, además, convivieron sin conflicto con la literatura española -"considerada como un ámbito de debate, combate, rivalidad y afinidades: un espacio vivo"- y a ello se refiere Gracia cuando habla, al comienzo, de una "tradición desprotegida", señalando la indudable riqueza que supone la existencia de dos lenguas literarias en "un país de larga y mestiza andadura". Como en los ensayos dedicados a Ridruejo, el exilio o la cultura bajo el franquismo, el también biógrafo de Ortega -y próximamente de Cervantes- parte de sus muchas lecturas, recogidas en una bibliografía modélica, pero no se detiene en la simple glosa, lo que diferencia sus libros -donde hay ideas y novedosos planteamientos de fondo- de los de quienes se limitan al comentario de textos. En el epílogo que cierra la colección, Gracia, un socialdemócrata ajeno al virus independentista, defiende su conocida posición en favor de tender puentes que hagan posible el diálogo y la convivencia entre Cataluña y el resto de España. El mero hecho de manifestarla ya lo distingue, para bien, en una comunidad universitaria donde la mayoría de los que no apoyan la ahora llamada desconexión han apostado por el silencio.

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