Los valores más esenciales de este arte

Nos llega el baile de Juana Amaya (el baile de siempre de Juana Amaya, que diría el clásico), en un panorama flamenco sevillano dominado en las últimas semanas por los montajes narrativos, y ha sido una saludable zambullida en el flamenco más físico, menos intelectual, que lo entrega todo a la pura catarsis rítmica, al ritual en que la tensión física del cante, la guitarra y la percusión de manos y pies crece y crece en oleadas hasta llegar a un estallido emocional que es lo que justifica este recurso y este arte. Amaya no tiene otro recurso. Pero en éste, el de los pies frenéticos, absolutos, aéreos, tiene poco rival hoy. El referente es, obviamente, Carmen Amaya. Incluso en el vestuario, en la pose. Es decir, que se trata de una obra que podríamos haber visto hace 70 años con parecidos mimbres. Claro que la guitarra de los Campallo no es Sabicas, y ellos aportaron el poco atisbo de modernidad en un montaje que empezó con 13 minutos de retraso con la agradable sorpresa de las cuerdas del De Amparo y Rodríguez por Dele Gastor.

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