Una versión de Ovidio

  • 'La dama que se transformó en zorro'. David Garnett. Trad. Laura Salas. Periférica. Cáceres, 2014. 128 págs. 15,75 euros.

Rosita Forbes menciona este libro de David Garnet, Lady into Fox (1922), al hablar de las mujeres cavernícolas de Libia, que en noches de luna llena visitaban tierras distantes, oscuras lejanías, convertidas en zorro. Por su parte, John Burnside, en el epílogo a estas páginas, atribuye a un saludable paganismo la transformación narrada en la novela de Garnett. Sin, embargo, no es necesario acudir a la Antigüedad pagana -las Fábulas de Esopo, Las metamorfosis de Ovidio- para datar esta inmersión en el cuerpo de un animal totémico. Cualquier cultura arcaica ha soñado ese sueño ambivalente. Y no es el más desconocido el caso de Drácula, el vampiro valaco, cuando visita Londres convertido en lobo, en roedor, en niebla vagabunda.

A pesar de lo dicho, la novela de Garnett excede inevitablemente el terreno de la fábula. Lo excede cuando amaga una explicación del hecho maravilloso; y también cuando se adentra en el ámbito del drama. La singular modernidad de La dama que se transformó en zorro radica, precisamente, en esta atención inesperada al orbe psicológico. En una fábula tradicional, la conversión de una mujer en animal habría dado lugar a una serie de enigmas y malentendidos cuya resolución vendría señalada por lo trágico (pienso en La corza herida de Bécquer). En Garnett, dicha transformación sirve de excusa para anticiparnos la conmoción y el infortunio de su marido. No se trata, por tanto, de la invasión de lo fantástico en lo cotidiano, como ocurre en el acervo folklórico; se trata, en mayor modo, de una indagación costumbrista, obrada sobre un hecho extraordinario. En última instancia, el tema que se aborda en La dama que se transformó en zorro no es otro que el tema roussoniano de la inocencia natural y la pureza. Pero no a la manera de la Edad de Oro y el Jardín de las Hespérides de los antiguos; sino desde una perspectiva moderna, que sabe que esta reintegración, que el regreso al estado adánico, es imposible. En cierto modo, la tragedia que se resume en la obra de Garnett es aquella misma ocurrida a los navegantes del XVIII: buscando un nuevo Paraíso se toparon, inopinadamente, con los caníbales.

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