Un viaje al interior de nuestros muros

Hace unos años, en una entrevista, Michel Azama (Cruzadas, Ángeles del caos, Vida y muerte de Pasolini...) afirmaba que el teatro "es un espacio dode se medita sobre la realidad sin reproducirla". Y sobre una realidad, la de doce presas que hicieron con él un taller en la prisión francesa de Rennes, escribió el monólogo que anoche la conocida actriz sevillana Maica Barroso defendió con uñas y dientes. Algunas versiones anteriores, como la de Óscar Gómez Mata, optaron por poner en escena a dos actrices, una para la mujer de la calle y otra para representar a la que lleva dieciséis años entre rejas. Aquí, muy bien dirigida por la belga Silvia Nys y encerrada en un rectángulo, Barroso se enfrenta en solitario al pasado -sus dos hijos, su crimen nunca desvelado...-, al presente en el nido que, como las golondrinas, ha sido capaz de crearse entre las rejas, y a un futuro que la soltará al día siguiente en un mundo cuyo curso no sabe si tendrá armas para recuperar.

Es cierto que Azama no reproduce la realidad. El tono poético acaba siempre por imponerse libremente aunque cueste a veces rellenar de carne viva a un personaje de la calle que dice que "su angustia viaja de cama en cama para volver como un boomerang multiplicada por cien".

En todo caso, Maica Barroso lo consigue con un trabajo ímprobo (mucho más de cuerpo y de movimiento que de voz), hasta el punto de hacer llorar a algunos de los espectadores que la aplaudieron con cariño y con fervor.

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