El 'Cancionero' de López Barbadillo revela la historia secreta de la poesía

  • La editorial sevillana Espuela de Plata reedita la irreverente obra del autor de Sanlúcar · Esta recopilación de poemas de tono erótico conforma una versión burlesca de la literatura en castellano

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La editorial sevillana Espuela de Plata acaba de reeditar, dentro de su colección Los humoristas, el Cancionero de amor y de risa de Joaquín López Barbadillo (Sanlúcar de Barrameda, 1875-Madrid, 1922). El libro fue publicado por primera vez en el año 1917 dentro de la colección Biblioteca de López Barbadillo y sus amigos, donde este olvidado bibliófilo y periodista, que comenzó su trayectoria literaria como poeta modernista, publicó un puñado de obras, algunas incluso traducidas por él mismo, que se caracterizaban por su espíritu jocoso y transgresor.

Joaquín López Barbadillo se planteó esta colección de tirada muy limitada como una simple excusa para dar a conocer una serie de libros raros y de difícil acceso (en la mayoría de los casos, por su contenido erótico), que fue reuniendo en su biblioteca particular, hoy desaparecida. Poeta y autor teatral sin demasiado éxito, su interés por recuperar esa literatura secreta que se apartaba, y aun hoy se aparta, de los circuitos literarios y editoriales al uso terminó por ocupar en exclusiva el lugar de su frustrada carrera literaria.

Esta nueva edición del Cancionero de amor y de risa ha visto la luz tras el "ingente y regocijante" trabajo realizado por Julia María Labrador y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa.

López Barbadillo tomó como ejemplo para esta divertida recopilación, en la que predominan los poemas de tono erótico y pornográfico, el Cancionero de poemas antiguos de Juan Alfonso de Baena, y "huroneó" en los manuscritos de la Biblioteca Nacional hasta recopilar un conjunto de poemas que conforman una versión burlesca e irreverente de nuestra historia de la literatura.

Abren el volumen las calumniosas coplas que en el siglo XV compuso Alfonso Álvarez de Villasandino para "afear y deshonrar" a una dama "por ruegos de un caballero", y lo cierra el gráfico Nomenclatura y apología del carajo, que compuso a principios del siglo XX Francisco Acuña de Figueroa.

En medio, una larga lista de autores conocidos y anónimos que pierden la compostura en estas páginas. Entre ellos, nombres que ocupan un lugar destacado en el Parnaso de nuestras letras, tales como Luis de Góngora y Francisco de Quevedo; aunque los responsables de la edición advierten en el estudio introductorio que no se ha podido probar la autoría de estos desvergonzados poemas, que, por supuesto, no figuran en ninguna edición académica de estos autores.

Y no son los únicos: de especial enjundia son los diálogos entre el Duque de Rivas y Alcalá Galiano; por no mencionar la controvertida composición en la que perdió el refinamiento el autor de El trovador, el chiclanero Antonio García Gutiérrez.

Con su Cancionero -que, en palabras del autor, podría ocupar ese lugar "llamado infierno en algunas bibliotecas"-, López Barbadillo intenta "no ofender al cielo y alegrar un poco la tierra" con un libro "formado a la manera antigua" y con el que nos desvela los secretos de esa otra literatura que no pretende enseñar, ni dejar huella, pero que nos recompensa con ese placer sencillo y reconfortante que es la risa.

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