Caos

En época en que se acaban de otorgar los 'Globos de Oro', se avecinan los 'Goya', después los 'Oscar', para los que ha sido descartado 'El orfanato', lo que habrá decepcionado a tanto agorero optimista que ya lo daba por bueno, y de esos otros montajes propios de quienes cierran sus ojos a la más dura realidad, nos llegaba una noticia, no por esperada, menos abrumadora, según la cual el cine español sigue perdiendo espectadores por millones.

Muchos continuarán hablando de crisis y se negarán a reconocer lo que es un caos implacable. Todo esto cuando unos y otros se suman al lamento general sin asomarse a la tremenda realidad cotidiana de las salas vacías y la contumacia en no reconocer una evidencia, Ley del Cine incluida.

Muchos dirán que eso no tiene nada que ver. Pero la inanidad de la Ley, aprobada a toda prisa antes de las elecciones y que ha dejado dolorosas ampollas en carne viva y un descontento general entre la mayoría de los sectores implicados -ahí está la deserción en masa de los productores catalanes- y que sólo ha sido celebrada por los paniaguados de costumbre, los perennes beneficiados de la sopa boba, los eternos subsidiados habituados al clientelismo de conveniencia y lo políticamente correcto y el actual ministro, César Antonio Molina, que, mucho me temo, no tiene mucha idea sobre el fondo del asunto, la inutilidad de la ley, insisto, no hace más que patentizar el caos de la taquilla con respecto a las películas españolas. La ley, como vengo insistiendo, y ojala me equivoque no es la panacea del gran problema del cine español.

No hace muchos días comentábamos en nuestra columna 'Caleidoscopio' de las páginas iniciales de opinión, esta eterna circunstancia de nuestra cinematografía y planteábamos la cuestión de la falta de talento en el ámbito creativo, que no creo sea todo el problema ni el de la nueva pérdida de espectadores por parte del cine español, que en el año que hace poco terminaba, vuelve a suponer millones de espectadores. Cifra bastante importante que se suma a la continua disminución de público en las producciones de nuestro país y que supone un escalofriante jarro de agua fría a pocos días de la celebración de la que pasa por ser gala gloriosa del cine nacional: la proclamación y entrega de los premios 'Goya'. Una vez más los números nos resultan absoluta y dramáticamente negativos.

Este año sólo, y menos mal, las cifras acumuladas por las películas más taquilleras del cine español, 'El orfanato', que perderá enormes posibilidades comerciales con su retirada de las opciones al 'Oscar', 'REC', otro suceso importante en el fervor de los espectadores y 'Las 13 rosas', ésta con resultados inferiores, permiten que la diferencia entre nuestra cinematografía y la extranjera, en su abrumador poderío casi absolutamente norteamericana, no sea tan pronunciada. Aún así las diferencias siguen siendo abismales como lo son desde los últimos años y que sólo el éxito de algunos títulos ha podido reducir tímidamente.

Todo lo cual es grave, extraordinariamente penoso para un sector que pierde enteros lo que pone en peligro la supervivencia de las salas y con ella la de muchas empresas y el trabajo de muchas personas. Un dato más que se une a la crisis, desaceleración o como quieren llamar a las arriesgadas vicisitudes económica que sufrimos.

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