Cat Power, desde el lado luminoso

  • La estadounidense Chan Marshall publica su segundo álbum de versiones, el calmado 'Jukebox'

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Accesible, cercana y amable. Así es la Cat Power de 2008, la que se toma un respiro con Jukebox (Matador / Pop Stock!, 2008), un álbum de versiones de tono relajado y expansivo. No es la primera vez que la estadounidense despacha un disco así, el explícito The covers record (2000) marcó un punto de inflexión en sus comienzos con sus retorcidas e irreconocibles adaptaciones de temas como el rolligstoniano y clásico Satisfaction. Ocho años después, una regenerada Chan Marshall muestra un lado menos oscuro y denso en este delicioso Jukebox.

La de Georgia parece haber dejado atrás su tormentosa, destructiva y angustiosa forma de vida, y su música refleja ese cambio. Los músicos que dan forma a esta nueva etapa son los mismos que han trasladado al directo su The greatest: Jim White, Judah Bauer y Matt Sweeny, una suerte de supergrupo indie, los Dirty Delta Blues Band. Todo aquí suena tranquilo, abierto, suelto y natural. Este rostro limpio es el que no está gustando a gran parte de la crítica especializada anglosajona, que parece echar de menos el pasado aroma a alcohol y cigarrillos de la sureña.

Hank Williams, Joni Mitchell, Bob Dylan, James Brown, el New York que popularizó Frank Sinatra e incluso ella misma, son algunos de los que pasan por el filtro de Cat Power en Jukebox. Quedan lejos las apropiaciones oscuras del The covers record, aquí incluso es posible reconocer New York sin necesidad de mirar los títulos de crédito del disco. Esto es una simple puesta a punto de los logros de The greatest, el que para algunos de nosotros sí es un hito y un nuevo y esperanzador comienzo en la carrera de Marshall.

Lo que ni los decepcionados pueden discutir es la voz de Marshall, una de las más emotivas y hermosas de nuestros días, que aguanta las comparaciones con Dusty Springfied -en su anterior álbum las similitudes eran mayores, por el viaje a Memphis para grabar y todo eso-. Su voz transmite y se hace fuerte con sus matices soul, tan suaves como profundos.

Para quienes quieran disfrutar al máximo de este bálsamo, Matador ofrece una edición especial con un segundo CD, que incluye otras cinco versiones. Es muy recomendable su adquisición -su precio no es mucho mayor, la verdad-, aunque sólo sea por escuchar a la de Georgia cantar Angelitos negros de Machín en castellano macarrónico -sí, no es broma-.

Esta parada que es Jukebox, tras los extraordinarios You are free y The greatest, muestra a una intérprete en plenitud de facultades y en un momento de reflexión sobria, quizá no esté frenéticamente creativa y, esto es seguro, no haya tomado ningún riesgo en este álbum, pero sin despeinarse puede darnos grandes discos.

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