Consideración a la política

En el trasunto de tradiciones literarias, Recursos humanos, obra con la que el mexicano Antonio Ortuño quedó finalista del último Premio Herralde, puede considerarse una novela política. Y lo es sin opacidades ni camuflajes, de una manera sincera, entre la confesión y la crónica. La obra cuenta la revolución de un solo hombre, Gabriel Lynch, que decide un día que ya está bien, que se acabó, que no soporta al jefe que le quitó el puesto en la empresa y a su mujer y que nunca más va a volver a ser un empleado. Lynch es un mequetrefe frustrado que aspira al superhombre mediante la voluntad: ni su pasado, ni sus capacidades, ni sus posibilidades ni sus recursos le van a permitir, a priori, prender la llama, pero su primera responsabilidad es la de poner un límite. Ortuño presentó esta novela al Premio Herralde con el título Volveré y conmigo el fuego, esclarecedor en su contenido y su propuesta de estilo. Se ha querido comparar al autor con Houellebecq, pero el primer antepasado literario de Lynch que se viene a la cabeza es el Raskolnikov de Dostoievski: ¿Y si ocurriera? ¿Y si lo hiciera? Cuando la polis reparte a los amos y los siervos, el punto en que cambian los ejes se muestra a veces en la palma de la mano. He aquí otro nuevo Prometeo, que robó el fuego y que ha sabido cruzar los charcos desde México.

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