La Corona puede esperar por ahora

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Érase una vez una Europa de príncipes y princesas que rondaban la cuarentena. Diez elegidos para reinar en este cuento moderno: Carlos de Inglaterra, Felipe de Borbón, Haakon de Noruega, Federico de Dinamarca, Felipe de Bélgica, Guillermo Alejandro de Holanda, Alois de Liechtenstein, Alberto de Mónaco, Guillermo de Luxemburgo yý una mujer, Victoria de Suecia.

No hay 'pareja real' que se haya librado de las críticas. Esto de ser heredero, ya no es lo que era. Ahora los principitos las prefieren plebeyas, sólo hay que echar un vistazo a la lista de candidatas a Reina Consorte: una periodista, una camarera, modelos e incluso alguna de ellas ha aparecido en un talk show. Ya no quedan 'Graces Kellys' como las de antes, como todavía suspiran en Mónaco. Quizás, los últimos portadores de sangre azul ya no sean valientes matadragones. Pero, a veces, el papel couché puede convertirse en el ogro de la historia. O en un difícil obstáculo que salvar.

En pleno siglo XXI, los futuros monarcas han descubierto que no son príncipes salidos de un cuento de hadas. Probablemente, hayan descubierto con el paso de los años aquellos detalles que no les contaban sus padres al acurrucarles en la cama de pequeños, al calor de una vida entre algodones.

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