'Habitación blanca': la lucha de identidades de Noiret

  • La coreógrafa belga irrumpe en el Teatro Alhambra con un espectáculo sutil e intimista donde cuatro bailarinas se enfrentarán a su mundo interior desde la danza

"Un cuarto blanco, la experiencia de un mundo que se abre... Una mesa enmarcada en la página en blanco del espacio... Las imágenes surgen como si procedieran del exterior de los pliegues del espacio". Con estas palabras describe la compañía de danza de la coreógrafa belga Michèle Noiret el espectáculo que lleva esta noche, y mañana, al Teatro Alhambra de Granada: Chambre blanche (Habitación blanca).

Sobre el escenario, cuatro bailarinas se enfrentan a su propio mundo interior como el escritor ante una página en blanco. Noiret, junto a Dominique Godderis, Sarah Piccinelli y Lise Vachon danzan en una habitación, comparten con una mesa -el único objeto que aparece- y unas cortinas blancas semitransparentes que le dan a la escena un aspecto fantasmagórico que recuerda a los espacios oníricos del cineasta estadounidense David Lynch, cuya obra ha sido fuente de inspiración según reveló la coreógrafa: "Un espacio imaginario abierto que figura como un lugar imposible de definir y alcanzar, pero al que sin embargo hay que dirigirse".

"El cuarto obliga a superarse, a buscar pasajes que se creían sin salida, recuerda al espíritu del artista que busca por dónde comenzar, cuando las cosas todavía están latentes, en el limbo, y ve aflorar, en equilibrio al borde de la realidad, nuevas percepciones e ideas", apostilla.

Se trata de un escenario imaginario de la coreografía, que se convierte en el paisaje donde los cuerpos invierten el mundo, el lugar donde el gesto esculpe el espacio. En este cuarto que exploran, todas ellas se enfrentan a su propio monólogo danzado que, sin embargo, resuena con las frases coreográficas que comparten. La identidad y sus duplicados, la proximidad y la distancia son el centro de esta creación que reinventa el ambiente de un cuarto, se alzó como espacio de libertad y receptividad.

La desnudez de la habitación se contraresta con la luz que sirve para dar diferentes aspectos a una decoración que tiene pocos cambios a lo largo del espectáculo y que al tiempo le concede gran importancia al sonido. Noiret le concede la importancia al personaje, de manera que las cuatro mujeres constituyen el hilo conductor de la obra.

En busca de sí mismas, sus identidades ocultas y sus movimientos interiores, la Habitación blanca es ese lugar íntimo que Virginia Woolf reivindicó y ahora ha encontrado la coreógrafa con la pieza, donde las bailarinas experimentan cómo se estira el tiempo, oscilan, se reafirman, se sumergen en estados singulares y se reencuentran en dúos, tríos y cuartetos, percibiendo lo que las une, hasta el punto de sospechar, a veces, que sólo son cuatro aspectos de una misma persona.

En la prolongación de Sait-on jamais y Territoires intimes, Michèle Noiret persigue con Chambre blanche la introspección de "personajes coreográficos". Sin embargo, esta vez no recurre a tecnologías interactivas de imagen y sonido, sino tan sólo al cuerpo y su diversidad expresiva.

El equipo que da vida a la Habitación blanca está formado por diez personas, entre ellas, las bailarinas que ejercen su sensualidad solas y en grupo, de pie y acostadas, sus movimientos alcanzan una sinfonía matemática.

Después de traer el espectáculo a Granada, la compañía de Noiret tiene prevista una gran gira en la que recorrerán países de todo el mundo. Pasando por ciudades españolas como Sevilla y Málaga, a partir de febrero se dirigirán al público francés, belga austriáco y canadiense, con fechas de actuación fijadas hasta el mes de mayo. La Habitación blanca nació en 2006 y desde entonces ha tenido éxito en todos los escenarios por los que ha pasado, ahora es el turno de Granada a las 21.00 horas en el Teatro Alhambra.

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