Manual para construir un héroe

  • 'El personaje en el cine' analiza todas las princesas, villanos y seres de otra galaxia sin los que sería imposible entender el séptimo arte

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Unos van de tipos duros, con el cigarrillo apoyado en la comisura de los labios mientras sostienen en la mano un whisky con hielo. Otros prefieren apelar a la ternura y hacer de un témpano de hielo una auténtica hoguera y, mientras, otros tienen ya bastante con intentar que sus recortadas, látigos o espadas láser estén siempre a punto para poner en su sitio a cualquier malvado que se les cruce en el camino. El mundo del cine está tan lleno de héroes, torpes, galanes, villanos, macarras, príncipes, feos y seres llegados de otra galaxia que sería imposible entender el séptimo arte sin ellos. Pedro Sangro Colón y Miguel Ángel Huerta Floriano se plantearon un buen día la "osadía" de hacer un libro sobre los personajes que transitan por la gran pantalla, y de aquella loca idea ve ahora la luz El personaje en el cine (Calamar Ediciones, 2007), un libro que analiza la figura del personaje en el cine a través del análisis y el estudio de quince expertos del celuloide (Alfredo Caminos, Enrique Urbizu, Iván Escobar, Alfonso Mendiguchía, Ángel García Roldán...).

Todos los Indianas Jones, Escarlatas O'Hara, Williams Wallace, Frodos Bolson e incluso los Lukes Skywalker que han llenado de luces la historia del cine comparten, según los expertos, unos patrones que han hecho de ellos unos seres tan importantes como los actores que un día les dieron vida. Pese a todo, crear un personaje de éxito no es tarea fácil. Según señalan los autores del estudio, para que exista un personaje hay que "crearlo, inventarlo, darle vida, identidad e individualidad"; es decir, darles desde un nombre y apellido hasta una familia, una forma de vestir e incluso unos gustos musicales. Y en esa vorágine de dar vida a un personaje, el guionista tiene el papel fundamental de ser el "constructor, el soñador, el inventor y el que tiene el cincel" para pulir a ese nuevo ser hasta conseguir sacarle su máximo esplendor.

El personaje en el cine es la "cara" de una persona, su "máscara", su "representación". Por eso, sería tan imposible entender un drama sin un protagonista dotado de conflictivos sentimientos como comprender una película de acción sin un personaje con hambre de riesgo. En ese sentido, la industria audiovisual norteamericana se distancia mucho de la europea. Mientras que la primera tiene una "mayor predisposición a la creación de personajes", la segunda se centra más en la "articulación de historias". América disfruta de la caracterización y, a partir de ella, se imagina la historia. Vive del culto al héroe, a la posibilidad de sagas donde hay buenos y malos, y donde esos buenos también son guapos, con buenos modales y enamoran a la chica más guapa, y donde esos malos son, además, feos y sin ningún tipo de orden en sus vidas.

La elección del actor es imprescindible a la hora de construir un personaje. No cabe duda de que un físico como el de Audrey Hepburn ayuda notablemente a dotar de la elegancia y fragilidad necesarias al personaje principal de My fair lady, mientras que unas facciones tan duras como las del rostro de Clint Eastwood son perfectas para dar vida al mismísimo Harry Callahan en Harry el sucio.

No son los únicos. Desde su promera aparición en Indiana Jones, En busca del arca perdida, Harrison Ford se convirtió en un héroe de culto para el cine; mientras que James Dean le supo dar el perfecto poder de seducción, a veces tierno, a veces sin piedad, a su personaje de Jim Stark en Rebelde sin causa. En pleno siglo XX, sería tan impensable imaginar un Ciudadano Kane sin el rostro y la poliédrica personalidad de Orson Welles como imaginar un par de alocados travestis en Con faldas y a lo loco que no respondan a los nombres de Jack Lemmon y Tony Curtis. Y entre todos ellos, hay otros como el alienígena ET que, sencillamente, son inolvidables para el espectador.

La historia del cine está también plagada de tópicos. En las grandes producciones no suele faltar la clásica lucha del protagonista contra el antagonista, el personaje catalizador que ayuda a disparar la historia, el personaje testigo que proporciona veracidad a la fantasía o el personaje confidente, que encarna la razón en la gran pantalla y que aporta un espacio reflexivo para mostrar el interior de los personajes. Con ellos, los eternos personajes secundarios, que se empeñan en arrojar luz sobre los acontecimientos en los que participan los personajes.

Los actores juegan con sus personajes, y juegan mucho. Algunos creen en que el impulso creador nace de la técnica; otros, que el talento es el punto de partida, aunque nadie duda de la necesidad de adquirir un oficio con tenacidad y disciplina mientras en la base de todo se sitúe el impulso creador del actor. De hecho, sólo Humphrey Bogart podía equiparar dureza y ternura en la dosis necesaria para convertir Casablanca en un clásico, al igual que sólo Robert de Niro podía darle la inquietante forma de ser y actuar a Travis Bickle, el protagonista de Taxi Driver, y sobre el que el guionista del filme llegó a asegurar que le "habría dado miedo quedarse a solas con él si algún día lo hubiese conocido personalmente".

Pero los tópicos están para romperse. Hay algunos héroes que se convierten en terribles villanos -no hay más que recordar el paso al Lado Oscuro de la Fuerza de Anakin Skywalker para ser el mismísimo Darth Vader en la saga de La guerra de las galaxias- y otros protagonistas que, pese a acaparar minutos en la gran pantalla, son los más sosos de toda la película.

Periodistas, traficantes, policías, detectives, amas de casa, asesinos a sueldo, sedientos de justicia, obsesivos, golosos, traficantes, reyes, científicos, ricos sin escrúpulos, bebedores compulsivos... Son tantos y tan variados los personajes en el cine como historias quedan por ver.

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