Memorias de la voz electrizante

  • Dominique A, figura gigante de la música francesa contemporánea, ofrece hoy un concierto gratuito en Sevilla · El francés repasará momentos significativos de su carrera, reunidos en 'Sur nos forces motrices'

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¿Qué ha querido siempre hacer Dominique A y aún no ha hecho? Sonríe y se detiene a pensarlo. Al cabo de un tiempo, vuelve a sonreír. "Un gran disco", responde. Responsable de uno de los proyectos más ambiciosos, coherentes y generosamente humildes de las dos últimas décadas en la música francesa, el autor bretón sustenta sus canciones en una majestuosa voz -"mis fuerzas y mi principal límite se encuentran en ella"- que hermana una producción atravesada por la literatura y propensa a los virajes estilísticos, ya sea del rock desasosegante de sus comienzos al pop neoclásico, o de éste a un sonido paulatinamente depurado con préstamos de la canción popular de su país.

Hoy ofrece un concierto gratuito en Fnac. Es la única parada española en esta visita, en realidad casi una excusa para pasear por Sevilla, ciudad a la que regresa fiel y regularmente desde hace años de la mano de Green Ufos, el sello que se anotó el feliz tanto de comenzar a distribuir sus discos en España.

El último, editado en 2007 y titulado Sur nos forces motrices, es una "visión panorámica" de sus casi veinte años de carrera, aunque el arranque oficial se ha establecido en 1992, cuando publicó su primer disco en solitario, La fossette, después de unos primeros tanteos con bandas de inspiración punk y new wave. Entre las dos fechas quedan álbumes de personalidad rotunda como Remué (1999), Auguri (2001) o L'horizon (2006).

Sur nos forces motrices, un disco registrado en directo, es la consecuencia de tres años de intensos ensayos de Dominique Ané (Nantes, 1968) con su actual banda. "Desde el principio de mi carrera he querido hacer un live y con estos músicos encontré el momento ideal para grabarlo", dice. "A algunas versiones grabadas en estudio les faltaba energía, que es algo que no busco particularmente en el estudio. En directo me interesa construir una atmósfera, y creo que éste es el motivo por el que a la gente parece que le gusta más verme en el escenario", continúa.

En efecto, sus conciertos gastan una proverbial fama de electrizantes y torrenciales. "El disco es una forma de poner en relieve toda esta energía. Y además, en la memoria de la gente, una canción es algo que muere si no le vas aportando algo fresco y nuevo. Por eso para mí un directo es mucho más excitante que un recopilatorio al uso", explica. Ha quedado especialmente satisfecho de cómo suenan ahora L'amour ("comparada con la original, es una nueva canción"); Marina Tsvétaeva ("una versión inédita de la que casi me había olvidado"); y Tout sera comme avant ("en el álbum de estudio, la voz era un poco tímida").

Dominique A tiene ideas muy precisas sobre lo que espera de la música; también un discurso sincero y honesto acerca de sí mismo y de su propia obra que es francamente inusual. "Cuando te encuentras a gusto con tus músicos es casi una sorpresa escuchar tus propias versiones como si no fueran canciones tuyas. No hay ningún reflejo de propiedad, sino un juego colectivo. En escena busco, en fin, separarme un poco de mí mismo. Y en este aspecto, ceder la responsabilidad no sólo no es difícil sino que es satisfactorio".

Invitado a elegir entre la sorpresa, la emoción y el desafío, tres virtudes de cuya combinación suelen salir canciones dignas de ser recordadas, el francés elige sentir. "Lo más importante es la emoción. Si miras retrospectivamente a los grandes nombres de la música popular, la idea de novedad no importa tanto. Uno intenta desarrollar distintas facetas de su personalidad, pero al cabo de unos cuantos años acaba constatando que está condenado a repetirse. En fin, de Johnny Cash, en sus últimos años, ya nadie esperaba nada nuevo ni original, sólo emoción".

El lugar común que presenta a Dominique A como renovador de la chanson vitalicio es en parte lógico, pero sobre todo reduccionista y de peso algo aplastante. "Es una responsabilidad un poco fuerte para una sola persona. Además, a principios de los ochenta yo no estaba solo en Francia. Coincidí con gente como Katrin, Miossec, Yann Tiersen y Diabologum y todos teníamos la misma voluntad de cantar en francés y defender una forma de hacer nueva".

Apenas se reconoce cuando hablan de él como de un referente en Francia. Ocurre lo mismo cuando oye que es un artista de culto. "Lo que importa es sentir la excitación de la gente cuando escucha tu trabajo a lo largo de los años. A mí me gustaría ser más popular y menos de culto. Sin embargo, me sigo considerando un poco underground, y no por ningún tipo de vocación de ser un músico de culto. De hecho me resulta frustrante que mi música, que no es difícil, no llegue a tocar a más gente. Claro que tampoco me comprometería a cualquier cosa para que eso sucediera. Nunca estás satisfecho. Es una contradicción permanente [ríe]".

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