Origen del genio y sus temas

Esta muestra ha de considerarse como una visitación -sin más enjundia- a algunos de los más míticos tanteos plásticos del Picasso niño, y otros menores del adolescente, que realizara tanto en sus primeros años de vida como en posteriores estancias en su ciudad natal. Ante todo, hemos de señalar que la presente exposición sólo puede ser pertinente desde y para Málaga y como inevitable ejercicio de recuperación del genio en relación, exclusivamente, a un vínculo físico (presencial) con su ciudad, quien lo ha tomado como fetiche o simple valor de cambio.

Pocas valoraciones suscitan la entidad de las piezas y la propuesta -se justifica con un tautológico Picasso de Málaga-, si acaso la de conformarse como testimonios de una predisposición artística, como escenas inconexas de su formación y como indelebles y tangibles restos de ese origen malagueño del genio.

De las obras expuestas hemos de destacar cómo afloran desde la infancia algunas de las metáforas obsesivas, esto es, temas que aparecen a lo largo de su trayectoria y que el artista adapta a distintos lenguajes y con distintas interpretaciones convirtiéndolos en conceptos transversales que toma incluso como trasuntos personales (la mitología o la tauromaquia); el inicial espacio formativo académico del naturalismo, como apreciamos en El pescador y que parece incardinarse en una tradición hispana que puntualmente recuperaría el genio; el anticipo de las españoladas con las que se presentó en París, así como una decantación por el grafismo y ciertos temas modernistas que apreciamos en los dibujos que deja en su estancia del cambio de siglo junto a Casagemas. Aunque existen paisajes de 1896, echamos en falta algunos de los grandes óleos que hiciera aquí con un lenguaje posimpresionista y de estricta convergencia con la Colla del Safrà barcelonesa.

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