Regresa el carrusel y la locura como arte

  • Los estadounidenses The Fiery Furnaces siguen con su carrera de adictos al trabajo con 'Widow city', su sexto disco en cinco años, de nuevo una obra de pop desconcertante

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En el vocabulario de la casa de los Friedberger no aparece la palabra vacaciones. Estos dos hermanos de Illinois van a disco por año. Primero fue el nervioso Gallowsbird' bark (2003), después llegó el monumental Blueberry boat (2004), tras alcanzar la cumbre se hundieron en el críptico y plomizo Rehearsing my choir (2005), se recuperaron con el amable Bitter tea (2006), y ahora regresan a las alturas con Widow city (Thrill Jockey / Green Ufos, 2007). Ah, no olviden el recopilatorio de epés de 2005.

Lejos de renunciar a ser ellos mismos, quizá la única pega de Widow city sea su enorme deuda con Blueberry boat, pero aquí el recorta y pega es menos electrónico y los recuerdos al rock de los setenta mucho mayores. Sin su disco de 2004, éste sería su mejor trabajo y una obra deslumbradora; con todo, los Friedberger han vuelto a darle otra vuelta de tuerca al pop indie.

Dentro de Widow city cabe todo. Estas 16 canciones son un carrusel de melodías -estos chicos no han perdido el olfato-, organizadas sin aparente orden ni sentido, pero que a veces desembocan en pequeñas sinfonías surrealistas, tanto en los musical como en lo temático.

Eleanor canta sobre casi cualquier cosa, en una extraña y mareante mezcla que deriva en un pop pyncheano en el que también se habla de conspiraciones. Y es que nadie suena como ellos, ni nadie se atreve a cometer locuras como Clear signal from Cairo, repetitiva, percusiva y experimental. O como Navy nurse, rockera y desquiciada -aquí los años 70 campan a sus anchas-.

Nuestros días no están sobrados de artistas con un discurso propio, en cuya obra la emulación no es admitida y la creación fluye con una libertad que creíamos perdida. The Fiery Furnaces son de una madera especial, muy poco común. Es una alegría recuperarles en estado de gracia, con otra extenuante pirueta en la que no hay ni tiempos muertos ni relleno. Matthew y Eleanor son más que un soplo de aire fresco, son un huracán que revoluciona todo lo que toca. Quizá pida demasiados esfuerzos al oyente, el principal es cierta empatía y no poca paciencia. Por favor, sean buenos con ellos y denles una oportunidad. Lo merecen, y Widow city es una buena prueba de su talento, aún vivo y efervescente.

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