Retoques para un arte bajo techo

  • José García ha creado una empresa en Málaga de pintura mural y decorativa con soluciones a golpe de lienzo

Para algunos, una casa vacía representa el principio de una cadena de problemas. Para José Andrés García es el lienzo donde proyectar su talento. Después de 10 años de experiencia, este joven malagueño acaba de crear su propia empresa, Garciaga, con idea de ofrecer un catálogo de soluciones decorativas y, de paso, dar rienda suelta a su mayor pasión, la pintura.

Con óleos, acrílicos o aerógrafos García crea su obra de arte, disimula desperfectos en el inmueble y convierte un simple techo en una cúpula renacentista.

"¿Y con esto que puedo hacer?" Ante esa pregunta, habitual entre su clientela, la firma Garciaga sugiere trabajos de pintura mural, decoración en escayola, imitación de mármol y trampantojos (una técnica de arquitectura fingida sobre la pared). "Otra idea es la de crear un cuadro personalizado según la estética de la casa, el mobiliario, los suelos y el gusto de su propietario", añade.

El dibujo forma parte de la vida de García desde que tiene uso de razón. Autodidacta, hasta ahora había trabajado para empresas como Mural Paint en Marbella y para distintos decoradores pero optó por idear una empresa que ofreciera un servicio global: desde pintura de brocha gorda hasta retoques de alta pintura. En su taller de trabajo en Capuchinos prepara encargos y crea su propia producción inspirada en el art nouveau, con toques barrocos o renacentistas y con la figura de Alfons Mucha (ícono del modernismo) como referente.

Estos días García prepara un mural de tres metros y medio de alto ancho por dos de alto por encargo del sindicato UGT y de carácter conmemorativo. En su boceto simulará una tapia típica de la Málaga urbana con la Alcazaba de fondo que decorará las paredes de la sede .

Cuando García tira de la memoria se detiene en uno de los trabajos más gratificantes de su carrera. El constructor y propietario de una casa colonial de 1800 en Linares le propuso reformar los techos agrietados como mejor supiera. Y García, brocha en mano, dedicó un mes y medio -"sólo descansaba los domingos"- a restaurar las bóvedas hasta crear un efecto óptico de cielo abierto.

Con la técnica de imitación de mármol ha decorado hornacinas de escayola, bustos y columnas. Y ante un incómodo resalte en la pared, el artista inventa una suerte de biombo japonés que lo camufla y engaña a la vista. Locales señeros como el bar Skopas, el antiguo Petrus o el Tapeo del Cervantes llevan su sello en las paredes.

Y un proyecto pendiente. Un amigo suyo, el escultor Miguel García Navas le pidió que le ayudase a redecorar con imitación de mármol uno de sus retablos de la Catedral de Málaga, que ha quedado incompleto. "Espero que algún día se llegue a hacer", sueña. En sus manos, el arte no es patrimonio de museos ni de galerías exclusivas: la decoración es también una forma de expresión estética que conserva su fundamento práctica y traslada, libre, a otros mundos.

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