Vivir un gran amor

Perdonen que haya tomado el título "Vivir un gran amor", de la inolvidable película de Edward Dmytrik realizada en 1955 con Van Johnson y Deborah Kerr, que fallecía hace muy poco tiempo, como protagonistas. Pero la película que me ha permitido esta evocación no es otra que "El atardecer", actualmente en las carteleras, no en las de Huelva capital aunque sí en la provincia. El film del húngaro Lajos Koltai, al que dedicaba mi crítica aquí el pasado viernes, es de los que uno no espera en el panorama cinematográfico que se nos presenta en los últimos tiempos. Es más: pertenece a esas historias conmovedoras y sensibles de otro tiempo. Es, en todo caso, una bella historia. La memoria imborrable de un gran amor.

Basada en el texto literario de Susan Minot, Lajos Koltai, como antes lo hiciera en su primera película con la novela del Premio Nóbel húngaro, Imre Kertész, "Sin destino", ha sabido trascender a niveles cinematográficos un argumento de los que calan muy sutilmente en el espectador, sobre todo en aquel que tiene una gran sensibilidad para captar este tipo de emociones y la calidad estética de unas imágenes como a menudo nos brinda esta película. Ideal en todo caso para aquellos que buscan en el cine argumentos entrañables, íntimos, familiares y emotivos.

Pero es que, además, "El atardecer" tiene una calidad fotográfica poco corriente en una época en que la labor del fotógrafo, salvo raras excepciones, es de un automatismo irrelevante. Lajos Koltai, que fue, antes de debutar como director un excelente fotógrafo, ha cuidado no sólo la fiel reproducción de un ámbito escénico de una gran belleza, de unos paisajes fascinantes y de un entorno muy atractivo, sino también el marco de la intimidad de la propia puesta en escena dotada de una gran calidad cromática.

El contrapunto de estos atractivos estéticos es el acierto en la estructuración de unas tramas perfectamente enmarcadas y entrelazadas, en un lenguaje paralelo que para nada confunde al espectador y lo va introduciendo en una historia donde se mueven unos personajes de sentimientos muy complejos pero de autentica encarnadura humana. Es cierto que a veces se tiende al fácil melodrama y que, tal vez, el realizador, más preocupado por los elementos ornamentales de la película, no haya acertado a estructurar mejor las secuencias - quizás por su poca experiencia dado que ésta es su segunda realización -, pero ha sabido elevar el tono de un film de particular belleza que desprende a la vez lirismo delicado y sugerente en todo momento.

Si ya en nuestra crítica destacábamos la importancia de la labor interpretativa con un reparto excepcional, hay que resaltar el magnífico trabajo de las veteranas actrices Vanessa Redgrave, realmente admirable, Glenn Close y Meryl Streep, estas dos en breves actuaciones, pero también el de los más jóvenes Claire Danes, Tony Collette, Patrick Wilson, Hugh Dancy y Natashia Richardson. En películas de estas características la interpretación resulta de un valor fundamental y aquí se consigue plenamente, haciendo de "El atardecer" un film que dejará huella en el espectador.

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