Al abrigo mayor de los sentidos

  • Teatro en el Aire presenta en el CAC Málaga hasta mañana 'La cama', una suerte de 'performance' concebida para 26 espectadores como retorno al útero materno

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la vida humana comienza y termina en el mismo sitio: la cama. Gran parte de su desarrollo, además, se resuelve entre sábanas, allí donde el sexo halla complacencia o frustración, donde se reparan los pesares diurnos y donde el inconsciente reprimido se libera y hace de las suyas a través de los sueños. La cama, en suma, es un invento vital, existencial y ontogénico, si se quiere, por lo que merece la curiosidad de los artistas. El tálamo protagoniza el último montaje de la compañía hispano chilena Teatro en el Aire, La cama. Prólogo y epílogo de la vida, una suerte de performance que tuvo ayer su primera representación en el CAC Málaga (espacio tomado por el Festival de Teatro para este tipo de propuestas heterodoxas), donde permanecerá hasta mañana.

Los pilares del espectáculo, por mucho que Descartes hubiera negado su aprobación, son los sentidos: los únicos 26 espectadores que pueden contemplar la propuesta en cada función son en realidad principios activos, que se descalzan y habitan sus respectivos lechos, armados con sábanas y almohadas. Los afortunados son durmientes, "protagonistas fundamentales dentro del juego dramático que se plantea", según explicó ayer la creadora y directora del montaje, Lidia Rodríguez. Una vez acostados, los participantes emprenden un viaje a través de los recuerdos mediante una estimulación sensorial que acentúa las posibilidades habituales de percepción. El destino del trayecto es definitivo: el útero materno, como espacio en el que precisamente los cinco sentidos logran su eclosión definitiva. Material de conocimiento de primer orden: "el objetivo es que el público pueda encontrar el goce de los sentidos en su total magnitud". Por eso, cada experiencia que se vive en el recinto es única e irrepetible, porque lo que cada espectador ordena son sus recuerdos, hasta llegar al momento en que todo comienza.

En gran medida, La cama está inspirada en la historia personal del escritor Juan Carlos Onetti, quien durante los últimos diez años de su vida apenas abandonó el lecho en un intento descomunal de regresión a la cuna de la lactancia. El ciclo de la existencia, desde la infancia hasta la enfermedad y la muerte, se desarrolla no como representación teatral, sino como reclamo estético que se incrusta en la memoria. El autor de Los adioses se manifiesta así, vivo, en esta orgía de sensoteatro en el que cada uno tiene oportunidad de revelarse tal cual es en virtud de lo soñado.

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