Y ahora, ¿con qué lo llenamos?

  • Málaga estrenará Auditorio cuando otros espacios similares en toda España atraviesan serias crisis · La programación debe afrontar importantes retos, no sólo económicos, para garantizar una respuesta óptima

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Si los plazos se cumplen y los dioses lo permiten, Málaga tendrá su nuevo Auditorio disponible en 2012, lo que se traduce en una sala principal con 1.800 butacas y otra con 400: en total, 2.200 asientos que buscarán a otros tantos espectadores. El reto que se plantea es enorme, por mucho que el consorcio responsable de la construcción del edificio se haga cargo también de su gestión en el futuro: cabe plantearse si la ciudad tendrá capacidad para ofrecer suficientes espectáculos con el fin de mantener vivo el Auditorio lo que dura una temporada. Ampliar los programas de la Orquesta Filarmónica y las representaciones de lírica, primeras ofertas que se suponen para el espacio, obligará a sus respectivos mentores a un proverbial despliegue de esfuerzos. Y hará falta, por supuesto, más dinero. A todo esto se suma la incuestionable crisis que atraviesan los primeros auditorios de España: el Auditorio Nacional de Madrid, el Palau de la Música Catalana, el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo y el Palau de la Música de Valencia han perdido espectadores en los últimos años y tienen serios problemas para cerrar sus distintas programaciones.

Se puede partir de una percepción básica: la conjunción de música sinfónica (con diez programas por temporada en la actualidad) y lírica (con apenas cinco espectáculos por curso, entre montajes y recitales) no será suficiente para completar el cartel anual del Auditorio. Habría que estirar de forma desmedida, y aún así no resultaría suficiente. El Palau de la Música Catalana, de titularidad privada, ha optado en los últimos años por abrir su escenario a propuestas distintas a la música clásica (como el jazz, el pop y la canción de autor) como estrategia contra la crisis, lo que invariablemente tendrá que adoptar el Auditorio de Málaga. Ahora bien: la Orquesta Filarmónica de Málaga, con su director artístico (Aldo Ceccato) y su gerente (Juan Carlos Ramírez) al frente, insisten en que, por muchas ofertas que se incluyan, los programas deberán adaptarse a las necesidades de la orquesta; y, por su parte, el director de la temporada lírica, Francisco Rodríguez, espera que esta hegemonía no tenga lugar y que tiempos y espacios se pacten de manera razonable, sin privilegios otorgados de antemano. Rodríguez pretende incluso que el Festival de Teatro, que también dirige, tenga su sede (o una de ellas) en el Auditorio. De igual manera, con el Teatro Cervantes y el Teatro Echegaray consagrados en el futuro a las artes escénicas, es de suponer que los conciertos populares organizados desde el Ayuntamiento buscarán un hueco también en el Muelle de San Andrés. La variedad (el Auditorio Nacional de Madrid prevé estrategias similares tras su reciente reinauguración) es el arma más efectiva para llenar un espacio de estas características, pero esto obliga a poner de acuerdo a distintos agentes y, además, a ampliar los presupuestos. Cabe recordar que la financiación en el caso de Málaga queda actualmente en las manos públicas que integran el consorcio (Ayuntamiento de Málaga, Junta de Andalucía y Ministerios de Cultura y Fomento), mientras que todos los auditorios anteriormente citados cuentan con acuerdos de esponsorización en los que participan numerosas empresas (en el caso del Palau barcelonés, más de 200). La participación privada tendrá que ser una realidad para que el barco flote y llegue a buen puerto.

Para llenar el Auditorio, habrá que satisfacer gustos muy diversos, y eso obliga a todas las partes a ceder. Por algo será de todos.

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