"El amor es más volcánico, más pasión, juego de cuerpos"

  • La poeta Rosario Gorostegui firma la última Vitola de Anaïs, un poemario en el que canta al amor y narra el desamor

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"La situación de gusto, gozo y placer" y el "desasosiego por la separación del amado" quedan recogidos por Rosario Gorostegui en el último número de las Vitolas de Anaïs. La poeta santanderina presentó el pasado lunes el último número de la colección de versos: diez composiciones en las que hace un repaso al amor y al desamor y que llevan por título El futuro que adivinas.

Gorostegui, que trasladó su residencia a Granada "por amor" hace dos décadas, canta a la exaltación sensorial del enamoramiento y la pasión en cinco composiciones de versos libres que llevan por título Recién gozando.

Con las "imágenes propias de esa situación", Gorostegui realiza una evocación intimista en la que generaliza sus sensaciones. "Los sentimientos que yo percibo de manera particular son los que experimentamos todos", aclara la autora.

Con esta premisa, la poeta describe ese "deseo constante de permanecer en el momento de placer junto a la persona amada". Para ello utiliza "imágenes plásticas de música, colores y sensaciones táctiles".

Gorostegui se centra en su repaso de las sensaciones visuales en ciertas partes del cuerpo, "como los hombros o las manos". Además, repite la metáfora del diván como "desmayo".

En el terreno contrario, el del desamor, la poeta narra en sus versos "la situación en la que uno se queda sin la otra persona". El frío como metáfora de la ausencia es una de las constantes en los versos de los cinco poemas que componen esta segunda parte, titulada Sin ti.

Ese "tocar el sol" del amor es la idea contraria, la que aparece en la primera parte. Sin embargo, lo amoroso trasciende los límites de lo espiritual para centrarse en el disfrute gozoso de la unión carnal. Por eso sus poemas están llenos de "imágenes eróticas". "El amor es más volcánico, más pasión, por eso en mi poesía hay más juego de cuerpos".

En cambio el rechazo, la separación o la pérdida del ser amago es más oscuro. En la segunda mitad Gorostegui refleja espera del otro como "una sombra en el quicio de la puerta".

En cambio, el juego formal en las dos mitades del poemario es constante: verso libre con una rima interna que "busca el ritmo con la repetición de palabras". Palabras como "amor" que marcan la métrica de unas composiciones breves, que rondan los diez verso.

Licenciada en Filología Hispánica y Geografía e Historia por la Universidad de Granada, para Rosario Gorostegui la Vitola de Anaïs supone su tercera publicación poética. Cien raíces para quedarse y Pago del viernes son sus otros dos poemarios.

En 1994 publicó sus primeras rimas en Estación Sur, un volumen que recogía las obras de los finalistas y ganadores del certamen literario José Hierro, del que quedó ganadora en la categoría de poesía.

Desde entonces, y tras su traslado a Granada, ha ganado otros concursos poéticos, como el de Pinos Puente, Peligros o Loja. También ha quedado en primer puesto en varios certámenes de relato corto en Santander y en Córdoba.

Con Pago del viernes, Rosario Gorostegui se proclamó ganadora en 2006 del certamen de poesía que organiza la Diputación de Granada.

En El futuro que adivinas, pese a su brevedad, pueden encontrarse las claves de la poética que caracteriza toda la obra de Gorostegui. La propia autora señala que toda su poesía se ha centrado en el "tratamiento de los grandes temas: el amor, la muerte o la naturaleza" desde un punto de vista intimista. "Creo que siempre escribo cosas que tienen que ver con lo íntimo", señala la escritora. "También escribo poesía social o juegos poéticos satíricos, pero me cuesta mucho más. Pero no sé si mi poesía se podría calificar de autobiográfica porque creo que los momentos que cualquier persona vive impregnan siempre lo que dice o escribe", concluye.

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