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"La batalla de Bailén la ganaron las tropas de Granada"

  • El periodista acaba de publicar 'El cántaro roto' (Ediciones Miguel Sánchez) en la que, aprovechando el bicentenario de la guerra, rescata la figura del general Reding

Napoleón sirve un cocido -con su pringue incluida- a sus más distinguidos generales. A Dupont, el encargado de la conquista de Andalucía, se le indigesta. Es la manera que tiene Andrés Cárdenas para comenzar su novela y para elucubrar cómo comenzó a gestarse la invasión de España. El periodista de Ideal y escritor acaba de presentar El cántaro roto, un trabajo en el que rinde homenaje a los héroes perdidos.

-Como protagonista, un alter ego suyo, un escribiente que ejerce de reportero...

-No se le podía llamar periodista, pero sí era alguien que relataba los hechos cotidianos de Granada. Una persona a la que requiere un periódico para escribir sobre la batalla de Bailén un año después de sucedida. Se les ganó a los franceces por primera vez y hubo una gran euforia. Pero a los siete meses ya nos estaban dando otra vez por todos lados. Las tropas estaban desmoralizadas. Por eso me invento una persona a la que encargan que escriba para hacer aflorar los sentimientos patrióticos ensalzando a los dos héroes de la batalla, María Bellido y el general Reding. Allí comienza a pergeñar sus historias. ¿Qué pasa? Que la realidad es dura y es difícil subir la moral.

-El general Reding es un perdedor dentro de los ganadores. Pocas cosas tan literarias...

-Era un perdedor tanto en lo profesional, porque no se le reconoce su mérito en la batalla de Bailén, como en lo personal, porque era un mercenario al que su mujer le pone los cuernos, tiene un hijo que no era suyo, decide no volver más a Suiza... Es un personaje que me atraía y me invento una historia de amor entre María Bellido y él. La Bellido era la heroína de la batalla. Era un día de mucho calor y fue ella la que se acercó a dar agua al general. En ese momento, una bala rompe el cántaro en el que llevaba el agua y, sin inmutarse, coge un cuenco y le da el agua.

-¿Qué vestigios de la batalla quedan en Bailén?

-En Bailén han pasado épocas en que se ha olvidado la batalla, pero nadie puede negar que es un hecho histórico importante. Ahora, con el bicentenario de la batalla, se está aprovechando para dar un empujón al museo. Además, desde hace dos años se está haciendo una recreación de la batalla con vestidos de época que está teniendo mucho éxito.

-Tanto en sus columnas como en sus libros hay casi una necesidad de escribir en primera persona. ¿Siente la necesidad de implicarse personalmente a la hora de escribir?

-Es que de otra manera no me sale. Se puede hacer, sé escribir en tercera persona, claro, pero me he dado cuenta de que si hablas en primera persona y no eres un prepotente y no te endiosas, si eres sencillo, la gente se siente identificada.

-Eso sí, el próximo libro debe ambientarse en La Herradura para completar su triángulo mágico: Bailén, Granada y La Herradura.

-Tengo muchos amigos allí. Me siento a gusto con la gente, con el carpintero, con el carnicero... Allí se hundió la flota española y se hundieron cerca de quinientos barcos. Hay una historia curiosa que se podría contar en el futuro.

-¿Cómo podría un cronista del siglo XXI recuperar el orgullo de una ciudad?

-Pues a lo mejor mirando lo que fuimos, recordando personas que hicieron cosas. Está bien que no hay que mirar siempre el pasado, pero tampoco hay que olvidarlo. El amor propio se puede recuperar recordando a personas como el cabo García, que participó en Bailén, quedó cojo, y fue quien quitó la mecha cuando los franceses iban a dinamitar la Alhambra, episodio que sale reflejado en el libro. En la batalla de Bailén siempre se habla del general Castaños, pero los que ganaron la batalla fueron los 3.500 granadinos que lucharon en la batalla. Es lo que pretendo en la novela: hacer justicia con Reding y con los granadinos que participaron en la Guerra de la Independencia.

-¿Tiene presente que los lectores que le conocen buscan su humor?

-Escribir fácil a veces es difícil. Hacerlo de manera que la gente me entienda y que encima acabe la novela es difícil. Mi literatura, mi forma de ser y relacionarme es fácil, soy la clásica persona que se divierte hablando con el pescador o el tendero. A esa clase de personas no les puedo decir algo que no entiendan. Esta novela tiene sus toques de humor pero dentro de una época que fue terrible para España. Pero hay pinceladas.

-¿Fueron los afrancesados los verdaderos perdedores de la Guerra de la Independencia?

-España estaba en manos de reyes ineptos. Los afrancesados sabían que con estos reyes no había nada que hacer y eran casi unos visionarios. Pepe Botella no lo hizo mal y en Granada hizo muchas cosas.

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