Las candelas a la Inmaculada

  • Los barrios de Aracena se iluminan en la víspera de la festividad hasta que se encienden los rehiletesl tradición La localidad serrana celebra un año más la quema de rehiletes, una costumbre que se remonta a la recolecta de la castaña.

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Un año más, el olor a candela y a hojas de castaño quemadas ha inundado las calles de Aracena. Desde la caída de la tarde y hasta bien entrada la madrugada, las famosas Candelas de la Inmaculada han permanecido encendidas. En ellas se han quemado los rehiletes, unos artificios que durante todo un mes han estado preparando los más pequeños del pueblo, para tomar protagonismo especial en la víspera del día 8 de diciembre, único momento en que a los niños les está permitido jugar con fuego.

Cuando los castaños se muestran ya completamente desnudos, y sus hojas están en el suelo, es el momento de comenzar con esta tarea. Lo habitual es que se limpie una vareta de olivo, se le afile la punta y se claven en ella las hojas que se van pinchando en el suelo. Es imprescindible que esa masa vegetal quede lo más compacta posible, puesto que no se trata de que arda, sino de que permanezca incandescente durante el mayor tiempo posible, sin que se apague. Para evitar que se deshaga, se coloca una castaña en cada punta, a modo de tope. Una vez hecho, es necesario que el rehilete seque durante unos días.

Ni siquiera los antiguos recuerdan en qué momento nació esta tradición, que no sólo no se ha perdido, sino que ha ido ganando adeptos, importancia y magnitud con el paso de los años. Lo cierto es que en la tarde noche del 7 de diciembre, todos los barrios de este pueblo se iluminan con grandes candelas, que se preparan para que con la llegada de la oscuridad nocturna, se enciendan los famosos rehiletes. Quienes han estudiado esta costumbre dicen que tiene sus orígenes en la recolecta de la castaña. Antaño era una fiesta en la que se celebraba el final de la campaña de recogida, y que cobraba más importancia cuando la cosecha había sido buena. Con el tiempo, la tradición se fue aferrando, y uniendo a la religión católica, de manera que se ha terminado identificando de manera fuerte con la festividad de la Inmaculada Concepción, y el encendido del fuego, con la purificación del espíritu.

Y es muy posible que tengan razón quienes aseguran que esa unión de lo pagano con lo religioso ha sido lo que ha hecho posible que el rito se haya mantenido a lo largo de los siglos. De hecho, en los barrios que cuentan con iglesias y ermitas, es habitual que las hogueras se enciendan frente a las fachadas de los templos, como signo de respeto a lo divino.

Esta tradición no es exclusiva de Aracena. Otras poblaciones de esta comarca aún la conservan, y los pequeños también son los protagonistas de esa noche, y de las jornadas previas, en las que preparan con varetas de olivo y hojas de castaño lo que en La Umbría se llaman abelorios, y en Higuera de la Sierra Ciriales.

Lo que sí comparten todos y cada uno de los pueblos donde año a año se rescata esta tradición, es que el olor a las hojas quemadas, el contraste entre el frío de la noche y el calor de las hogueras, y los bellos momentos de convivencia que viven quienes forman parte de este momento, hace que se cree una magia especial, difícil de olvidar para quienes la viven por primera vez.

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