El clavo ardiendo de José Sacristán

  • El actor participó ayer en el ciclo de lecturas teatrales de la Diputación con la obra 'Almacenados', de David Desola

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Hablar sobre teatro con José Sacristán implica sumergirse en un baño de realismo pragmático que en algunos oídos puede resultar molesto. Sin embargo, su opinión y sabiduría resultan imprescindibles para comprender qué se cuece hoy en las artes escénicas y poner las cosas en su sitio, por mucho que en otras voces el entusiasmo juegue a vender fantasmas. Ayer, el actor pasó por el Centro Cultural Provincial para participar en el ciclo de lecturas dramatizadas con la obra Almacenados, de David Desola. Antes, compartió algunos momentos de inquietudes, pesares y también alegrías: al fin y al cabo, nunca falta un clavo ardiendo al que agarrarse para no mandarlo todo a hacer puñetas. Aunque duela.

El barcelonés David Desola es un joven dramaturgo que cuenta en su haber con numerosos premios, como el Marqués de Bradomín y el Lope de Vega. Almacenados presenta, según Sacristán, "una mirada a la realidad trascendida por lo poético y por el humor digna de Beckett y de Arniches". Sin embargo, cuando se le insinúa al actor un diagnóstico de buena salud del teatro español actual dada la calidad de autores como Desola, su semblante cambia y profundiza la gravedad acostumbrada: "No estoy muy seguro de que se pueda hablar de buena salud. Salvo en grandes núcleos de población como Madrid y Barcelona, por lo general el teatro se sostiene gracias a los apoyos de las instituciones públicas. Sin ellas, no habría manera de comer de esto". ¿Existe entonces una desconexión entre la sociedad y su teatro? Quizá no tanto: "Sencillamente, el teatro ocupa el lugar que le corresponde. Antes tenía otros usos sociales, pero ahora mantiene su sentido gracias a un grupo de personas muy concretas que van al teatro y mantienen una fidelidad enorme". Las actuaciones de promoción de las artes escénicas "deberían ir encaminadas al sostenimiento de esa fidelidad, pero, siendo realistas, no se puede aspirar a nada más. Es absurdo pretender que el teatro pase a tener más interés social, a no ser que hablemos de musicales".

Sobre la oportunidad de una generación actual de grandes actores que tome el relevo de la que encabezaron Fernando Fernán-Gómez y Paco Rabal, Sacristán matiza que "las generaciones no existen; siempre ha habido actores buenos y malos. Eso sí, la escena informa ahora de una mayor calidad, porque hasta hace poco el teatro español era muy redicho pero todo mentira. Hoy está más cerca de la verdad". No serán los rostros, sino el arte quien infle el salvavidas.

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