"No creo que tenga más talento que el que se dedica a un solo campo"

  • Vicente Molina Foix habla de cine, letras y referencias en las Presencias Literarias de la Universidad de Cádiz

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Vicente Molina Foix (Elche, 1946) define a Greta Garbo como "la mayor fantasmagoría" de su vida. Para Gorki, las visiones del cinematógrafo no eran más que un puñado de sombras grises. Unos espectros que terminaron adquiriendo una naturaleza mucha más cálida de lo que el ruso suponía: de su poder de fascinación y de su erótica nos habla, precisamente, el reciente premio Nacional de Narrativa en su última obra, El cine de las sábanas húmedas.

Admite que gran parte del trabajo lo hacen luz y fotografía, "porque el cine tiene mucho de artificio. Por ejemplo, yo estuve presente en el rodaje de Match Point y tanto Scarlett Johansson como Rhyss Meyer son muy bajitos... y luego devoran la pantalla. Pero los mitos lo son porque tienen luz propia. El cine puede aumentarla, pero han de brillar por sí mismos".

El autor se define como un escritor de los de trance del folio en blanco: "Yo no puedo saber adónde voy cuando empiezo a escribir, no hay una película en mi cabeza: sólo tengo una vaga idea de lo que quiero hacer. El abrecartas, que tiene más de 400 páginas y recorre sesenta años de historia, estaba pensada en principio como una historia de fantasmas, en la que un fantasma bueno actuaba sobre otra persona. Una idea inspirada en una foto de infancia de Lorca y la existencia de un compañero ficticio... Al inicio de la novela yo no sabía que, a las trescientas páginas, iba a aparecer un cineasta maldito, o que saldría Rafael Alberti".

El abrecartas es un título sugerente. La mente tiende a pensar en un cotilla fagocitador, en una persona-escalpelo: "Bueno, es cierto que esta novela tenía un personaje de esta condición: el policía que va abriendo la correspondencia ajena... La literatura, si lo piensas, se nutre de cotillas. De escritores y de personajes cotillas", afirma Molina Foix.

El Abrecartas es una historia sin diálogos pero en la que se habla mucho. Y hay incluso partes tachadas: "No creo que la novela sea un gastado recurso decimonónico -opina Molina Foix-. Ya existía en el mundo clásico y luego fue redefinida por Woolf, Joyce, Proust... Y, por ser, puede ser muchas cosas: incluso antinovelística".

Novelista, poeta, crítico, dramaturgo... Vicente Molina Foix ríe al decirle que debe odiar aquello de aprendiz de mucho, maestro de nada: "Afortunadamente -se sonríe- no suelen decirme esas cosas. Utilizan términos como polifacético u hombre del Renacimiento... pero yo no me veo así. Simplemente, soy alguien que cuenta historias. No creo que por ello tenga más talento que el que se dedica a un solo campo. Creo que lo que yo hago es, simplemente, expresar las inquietudes que siento como lector y espectador. Porque yo creo que es lo mismo: un libreto, un poema, un artículo periodístico... Tal vez la expresión exacta podría ser compositor de palabras. Un escritor -insiste-se hace por la curiosidad".

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