Un cuento de hadas

Se pregunta la protagonista de una de las películas mejor situadas en las listas de los films más taquilleros del momento, Encantada: La historia de Giselle, la bella Amy Adams: "¿Quién no ha soñado con ser una princesa de cuento de hadas?". No sé si las adolescentes o jovencitas de hoy cifran sus ilusiones en quimeras tan románticas como esa, a veces también aureoladas por un afán de seguridad y prosperidad en el futuro nada desdeñables o es que a todos nos gusta en general, y en cuanto a la relación con el espectáculo cinematográfico, escaparnos de vez en cuando, sobre todo en una sala de cine, de la realidad que nos abruma y extraviarnos en el nirvana acogedor de la evasión y el delirio.

Como quiera que sea a algo de esto puede deberse que una película sin grandes pretensiones en todos los aspectos, se haya situado en lugar tan favorecido por el público y la prueba de ello es que sigue en cartel. Esta mezcla entre criaturas de animación y personajes de carne y hueso, al parecer un buen prólogo para la programación navideña de nuestras salas, con evidentes limitaciones fílmicas, puede resultar un buen pasatiempo para los más pequeños y demás espectadores sin demasiadas exigencias.

Y es que Encantada, no se engañen, es todo un cuento, un relato que comienza al más puro estilo de este tipo de historias más remotas y de toda la vida: cuenta con príncipes, brujas malvadas y futuras princesas llenas de encanto y belleza sutil y delicada. Sin embargo el desarrollo narrativo está muy lejos de los cánones ancestrales del género. Se inicia como los cuentos tradicionales de dibujos animados, con un joven príncipe que va a pedir la mano de su amada y una madrastra cuya máxima aspiración es convertirse en reina. Tratará entonces de evitar el matrimonio de la pareja, engañará a la futura princesa y la enviará al mundo de la realidad. Y así nos la encontramos en Nueva York donde conoce a un abogado muy atractivo que tiene una hija pequeña.

En esta nueva experiencia de la factoría Disney, con la que pretende sustituir su desaparecida producción de animación habitual, explorando nuevos proyectos que le den buenos resultados en la taquilla, que le están dando éxitos tan notables como la saga de Piratas del Caribe, combina aquí animación y personajes reales con una película que, sin notables elementos dignos de destacarse, resulta correcta y en ciertos aspectos particularmente sugestiva para públicos muy generalizados. Como destacaba en mi crítica del pasado sábado día 1, de Encantada: La historia de Giselle, no puede esperarse más de lo ya acostumbrado en este tipo de historias acarameladas, risueñas, amables y condescendientes. Es decir todo muy acorde con el estilo tradicional de la productora Disney.

Como en cualquier película de este tipo ciertos personajes, los de la vida real y los de la fantasía, resultan lo más apreciado por los espectadores y en general todos ellos se adaptan a lo que de ellos espera el público. En ese aspecto la película responde al dulce papel que se le ha encomendado. Es decir logra entretener que es uno de los principales objetivos de cualquier historia cinematográfica. Ya es bastante tal como están las cosas.

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