"La gran enfermedad del teatro es que puede quedarse sin público"

  • Uno de los grandes de la escena nacional vuelve al Villamarta, hasta hoy, para encarnar a un personaje inmortal, un 'Cyrano de Bergerac' personalísimo, divertido y necesario

-Hábleme un poco de 'su' Cyrano. Tengo entendido que sólo se respeta su nariz, el resto de tópicos han desaparecido...

-Eso es lo que hemos planteado. Uno habla de sus trabajos como cuando habla de un hijo, sólo te fijas en las cosas que te gustaría que fuesen verdad. Entonces, me gustaría que fuese verdad que de Cyrano sólo ha quedado de tópico la nariz. Y ni eso, pues tiene un punto de nariz de clown relacionado con la base de mi formación. Con humor, las cosas son mejor recibidas por el público. Ese punto de vista que él mismo tiene sobre su nariz nos dice que es un hombre con mucho humor y eso para cualquier ser humano es fundamental, para cuando llegan los momentos duros. La única palabra que tengo clara desde el principio es que el montaje es divertido. El público olvida sus preocupaciones y se mete personalmente en la vida del personaje. Es la mejor manera de huir del tópico: acudiendo a lo personal. He tratado de hacer un Cyrano muy personal, y tiene carne, huesos, sentimientos y pensamiento, lo más limpio posible.

-¿Strasberg le ha dado pautas concretas para revisitar el personaje o todo ha sido factura suya?

-Los dos tenemos un punto de vista muy personal sobre lo que hemos aprendido de otros y creo que tenemos opinión propia, si eso se puede tener. Llevamos desde el año 80, momento en el que le conozco, planeando hacer Cyrano y hemos trabajado juntos en otros dos montajes anteriores, por lo que prácticamente no hemos hablado. No ha sido un trabajo hecho con largas discusiones, planteamientos teóricos, nada de eso. No se puede trabajar de una manera más libre y, al tiempo, con mayor colaboración, porque hemos trabajado muy juntos pero haciendo, sin divisiones.

-¿Cómo es su relación con el público sobre el escenario?

-Tengo una sensación de salir al escenario como un regalo de la vida. No trabajo para el público sino con el público, lo contrario sería como si un torero toreara para el toro, no con el toro. Si el torero y el toro se ponen de acuerdo sale una faena memorable. Hago un teatro en el que no se me olvida que estoy vivo y soy un ser humano.

-¿Tan malos son los autores teatrales contemporáneos que hay que andar recurriendo siempre a los clásicos?

-Primero, no hay muchos. Segundo, escribir teatro sin estrenar es una putada porque el teatro es para ser hecho, no para ser leído. Es la pescadilla que se muerde la cola. Un tipo que escribe bien no es garantía de que vaya a ser estrenado. Un tipo que escribe bien, es estrenado y tiene una compañía con la que puede trabajar idealmente va a mejorar mucho su capacidad de escritura, y eso no existe. Como mucho, existe gente con talento y afición que escribe una obra de teatro, y es más o menos interesante. Pero hay muy pocos comparado con todo el bagaje de la historia. Cribando, Cyrano ha demostrado por sí misma que es una obra interesante para el público. Es una obra de éxito y el público siempre la quiere ver. Tiene un gran truco que es la nariz de Cyrano y que simboliza el deseo de superación del hombre, algo que no nos gusta y que queremos mejorar. Es el valor del teatro, mientras haya teatro habrá un espejo de la realidad donde el espectador se pueda mirar y aprender algo.

-¿En la sociedad actual, quién sería ese Cyrano?

-Cada uno de nosotros. Cada ser humano tiene un aspecto que les diferencia, sea del color que sea, de la época que sea. Dentro de cada ser humano hay lo que hay más otras posibilidades, que se desarrollan o no. Lo que nos distingue es la chispa de divinidad que cada uno tiene y Cyrano la tiene a espuertas: ama la utopía, la vida, la solidaridad, la justicia. Hay valores que conviene recordar, por eso hago teatro.

-En este montaje hay cierta dosis de riesgo. Un obra clásica, en verso y sin rostros televisivos sobre las tablas... Obviamente, han pensado poco en la taquilla.

-Hay una mezcla de heroicidad y casualidad, de milagro. Lo que distingue al teatro de cualquier otra manifestación artística es que es un hecho vivo, no está terminado, y el riesgo es permanente e importante, permanece a la misma elaboración de la obra, que se hace con el público. Creo que un texto como este tiene unas garantías que no te permite hablar de riesgo, aunque sé que esta función debería estar tres años en cartel y no hacer sólo un tipo de salas de teatro. Hoy el teatro se hace con el dinero de todos y debe ser para todos. Este es un texto para triplicar las 120 funciones que vamos a contabilizar cuando concluyamos su recorrido. Cyrano no tiene fondo, se puede ir mucho más lejos. Hay tantos momentos brillantes en esta obra...

-Soy el teatro actual y acudo a su consulta, ¿qué me diagnostica?

-El teatro está tan enfermo como la sociedad en la que estamos. Es muy difícil en este momento hacer un buen producto porque hay una serie de elementos que no lo permiten, salvo las casualidades. De pronto, suena la flauta y aparece un buen espectáculo. Para que haya un buen espectáculo hay que tener una continuidad de trabajo, un grupo de personas tienen que trabajar juntas y madurar juntas. El teatro está muy cerca de la sociedad y su gran enfermedad es que nos vamos a quedar sin público. No está en los niños, en los institutos...

-Usted encontró su pasión por la interpretación tras asistir a una representación que le impactó. Es utópico que un niño encuentre ahora su vocación de ese modo...

-Es una crueldad hurtar a los niños el contacto con el teatro. Por favor, quienes tengan hijos, sobrinos, nietos que los traigan a ver Cyrano, les van a hacer un regalo para toda su vida. Igual no van a querer ser actores, pero al menos una vez en su vida tendrán la memoria de un espectáculo que les tocó el alma.

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