"El exiliado debe caminar por la arena de la playa sin dejar huella"

  • Hiriart acaba de donar a la Fundación Ayala cerca de 900 minutos de grabaciones con el escritor

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Cerca de 900 minutos de grabaciones con el Ayala más lúcido. Eso sí, sobre cintas que, antes de la voz del escritor granadino, acogieron temas de Carmina Burana, Vivaldi, tangos argentinos... Bendito reciclaje con permiso del maestro Carl Orff. Este material ha sido donado por la profesora Rosario Hiriart a la Fundación Francisco Ayala, que acometerá ahora las tareas de digitalización. El material, grabado en la década de los setenta, muestra la voz del escritor "con un inconfundible acento porteño fruto de su etapa en Buenos Aires", explica Hiriart, que ofrece a las 20 horas una conferencia en la sede de la Fundación Ayala del Alcázar del Genil.

-¿Cómo surgieron estas grabaciones?

-Francisco Ayala fue mi profesor en la Universidad de Nueva York y ahí comenzamos nuestra relación. Ayala, más que un gran profesor en las aulas, era magnífico en la sobremesa, después de las clases, donde era muy accesible a los alumnos. Ya en los setenta hicimos muchas grabaciones en cinta que son las que entregamos ahora a la Fundación. Las grabaciones son curiosas porque Ayala tiene aquí un marcado acento porteño, muy distinto al de ahora. En estas grabaciones hay monólogos que yo voy suscitando en Ayala con preguntas, lo que fue la base de un libro mío para Espasa Calpe que se tituló Conversaciones con Francisco Ayala. Después seguimos grabando por el puro placer de grabar. En aquel momento, El jardín de las delicias era sólo un manuscrito y fuimos grabando distintos fragmentos de su obra. Son horas y horas de grabación. Ayala y yo conversamos sobre su obra, sobre política, sobre qué significó para él los años treinta, la preguerra, cómo influyó en su obra su estancia en Berlín, los años de la posguerra, sus amigos de aquel entonces... Sobre todo aparece su época en Buenos Aires, no sólo Victoria Ocampo sino su relación con Eduardo Mallea. A través de ambos conocí a Jorge Luis Borges. Mallea puso a Ayala en contacto con la flor y nata porteña y de ahí surgió la revista Realidad. Él quería una revista de ideas para evitar conflictos y compromisos con los creadores, que son imposibles...

-¿Qué atraía entonces del Ayala profesor?

-No diré que fuera un excelente comunicador. Lo que atraía a sus alumnos era su sabiduría, la cantidad de información que daba. Especialmente interesantes eran sus clases sobre El Quijote. También se ocupó de Machado y daba también los cursos de literatura hispanoamericana.

-¿Cómo fue su experiencia personal como alumna que, con el tiempo, se convierte en entrañable amiga?

-La primera obra que me ofreció leer se titulaba Pedonía. Como punto de contacto estaba la relación de Ayala con Lidia Cabrera, que para él y para mí es la autora que comenzó el realismo mágico. Es una escritora a la que Ayala conoció mucho en el Madrid de los años treinta y que a su vez era gran amiga de Lorca. De hecho, a ella está dedicado el romance de La casada infiel.

-¿Puede resumir su aportación al conocimiento de la obra de Ayala?

-Ayala regresó en los sesenta como un desconocido y lo dieron a conocer gente del otro lado del Atlántico, gente como el canadiense Ellis y dos mujeres, Stelle Irizarry y Rosario Hiriart, yo misma. En aquella época no había muerto Franco y al publicar mi tesis en España me censuraron bastantes cosas, aunque Ayala transigió para que le conocieran en España. También fui la primera en editar completo aquí La cabeza del cordero, el libro de relatos que Ayala dedicó a la guerra civil. Hasta 1978 la censura impedía que se publicase el cuento La vida por la opinión.

-¿Cómo ha influido Ayala en su propia obra literaria?

-Respecto a si los principios estéticos de Ayala están presentes en mi obra, yo creo que los principios más presentes son los de Rosario Hiriart. En la película de Ayala que hizo Javier Rioyo le dijeron a Ayala que su obra estaba muy influida por Ortega y Gasset. Él dijo que no, que su obra estaba muy influenciada por Francisco Ayala. Mi sentido del humor está cerca de Ayala porque es granadino. Yo siempre insisto en que en Ayala y en mi caso hay siempre una triple lectura y mucho sentido del humor, mucha ironía. En Ayala, si vemos sus narraciones en las que está presente Buenos Aires, hay un gran sentido del humor. Ayala frecuentaba con Borges los cafés de Buenos Aires, llenos de tango... Ahí está el humor de la milonga, de la burla, de la ironía. Aprendí de él que el exiliado debe caminar por la arena de la playa sin dejar huella.

-Los exiliados cubanos, caso de Guillermo Cabrera Infante, tienen una relación especial con su patria. Usted, sin dejar de ser combativa, no muestra el enconamiento de otros respecto al régimen castrista...

-Yo tuve una gran amistad con Guillermo, pero lo suyo era obsesivo, extremo. Toda su generación es gente que hasta cierto punto estuvieron integrados en el sistema. Nosotros no, nos formamos fuera. Yo detesto la tiranía, recogí muchas firmas contra Pinochet, pero cuando fui a esos mismos amigos a recoger firmas contra Fidel no firmaban. Guillermo se consumió odiando a Castro.

-A la hora de volver usted a Cuba, ¿tomaría el ejemplo de Ayala de volver sin hacer una causa de su regreso?

-Él volvió a una España distendida en la que ya no se mataba a la gente en las esquinas. En Cuba no ha habido esta distensión, sólo ha cambiando un hermano por otro, un asesino por otro. Pero sí volvería a una Cuba sin Castro. Coincido con Ayala en que existió en España un exilio interno. No toda Cuba está con Castro al igual que no toda España estaba con Franco.

-En Granada, en el concierto de Silvio Rodríguez del pasado noviembre, se escucharon numerosos gritos de apoyo a Fidel. Incluso a su hermano Raúl..

-Nadie maneja tan bien la publicidad como la extrema izquierda. La propaganda está muy bien manejada en Cuba.

-¿Qué puntos en común hay entre los escritores que viven en Cuba y los exiliados?

-Entre los exiliados hay buena literatura y mala literatura, al igual que los que viven en Cuba. Hay mucha querencia por las calles, por la música, por la conversación sosegada. Yo soy una gran amante de la música.

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