"El hombre actual vive a la vez con el satélite y con el campanario"

  • El jurista Juan Antonio Carrillo Salcedo trata las complejidades del mundo contemporáneo en su discurso de ingreso en la Real Academia Hispano Americana

Setenta y un años, juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, toda una vida en la docencia, dos Honoris Causa. Y aún se define como un hombre ilusionado: "A la manera de don Pedro Laín -recuerda Juan Antonio Carrillo Salcedo- que no se consideraba un iluso ni un utópico, pero sí un esperanzado. Lo importante es, a pesar de todo, mantener esa esperanza en el ser humano".

A pesar de todo. A pesar de que la realidad cambia mucho más deprisa de lo que lo hacen prejuicios, costumbres, ideas. El mundo, es cierto, ha sido siempre complejo. "Pero ahora lo es aún más -apunta-. Sufrimos problemas globales como el cambio climático, las pandemias, la carrera de armamentos, las nuevas formas de esclavitud... que no sabemos cómo afrontar".

En esta realidad, los organismos internacionales cuentan con gran poder moral, pero escaso margen de actuación. "El proceso de globalización -continúa Carrillo Salcedo- es principalmente económico, no político ni cultural. ¿Te has parado a pensar que la globalización empezó ya hace tiempo, con el descubrimiento de América: cuando el mundo pasó a ser Atlántico?"

Comentamos que cuesta vencer las inercias. Que la inercia de siglos de sometimiento femenino sólo recientemente ha empezado a romperse. Y que falta cultura ciudadana y democrática: "Se pierde el concepto del otro y, para convivir, hay que pensar en el otro y respetar al otro. Lo contrario es fruto directo de la estulticia, de la falta de cultura... Tenemos a la vez el satélite y la torre del campanario -indica-. El periódico del barrio e Internet abierto al mundo... Nos decimos universales pero seguimos teniendo lo que los ingleses llaman visión parroquiana".

África, Hispanoamérica y gran parte de Asia sufren las consecuencias de esta visión de aldea: "Nos dan igual -explica el jurista-. Hasta vemos con desconfianza a los inmigrantes, que no sólo son los que van a sostener nuestras pensiones, sino que nos están enseñando a hablar castellano. La gran esperanza de este país está ahora en las escuelas... el día que tengamos un rector de padres inmigrantes, estaremos ante un gran cambio".

Recuerda un detalle de hace años "cuando el hermano Roger, un protestante que había acudido a Sevilla unas convivencias, se puso a rezar con su grupo frente a una Virgen. El cardenal hizo un gran elogio de él y lo calificó de santo. Cuando al día siguiente, se encontró con su congregación protestante, le increparon ese gesto. Y él les dijo: 'Ustedes no son protestantes, son españoles'. Donde español era fanático. Sin embargo, y aunque aún queda mucho, yo creo que la sociedad actual cada vez admite más la parte de verdad que pueda tener el otro".

"La radiografía indica que aún tenemos tiempo -se anima-. Aún no estamos en fase terminal".

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