"El sur es el mejor lugar para escribir un ensayo de filosofía del paisaje"

  • En su nuevo libro, 'El corazón manda', nos descubre unas ciudades que no aparecen habitualmente en las crónicas turísticas. Una Andalucía "inédita, secreta y escondida, sólo apta para viajeros de estirpe"

Manuel Mateo Pérez viaja por el paisaje y la historia de Andalucía en su libro El corazón manda (Point de Lunettes). Lejos de las rutas dictadas por el turismo, haciendo cala en detalles y hechos que suelen pasar desapercibidos, el escritor nos revela un mundo insólito y delicioso que puede estar a la vuelta de la esquina. Las ilustraciones de Diego Gadir apoyan este periplo sentimental de Despeñaperros a Cádiz, urdido con un lenguaje impecable.

-¿Cómo documentó su descripción de la capital gaditana?

-Es una ciudad que quiero y que conozco bien. Tengo muchos amigos aquí y he seguido con mucho interés los libros que se editan sobre temas locales. Aparte de los volúmenes históricos de Bustos Rodríguez y de otros editados con acierto por Quórum llegó a mis manos mientras escribía El corazón manda el libro de Girard editado en Renacimiento sobre la rivalidad entre Cádiz y Sevilla en el comercio con América. El biólogo gaditano Jerónimo Almagro me ayudó por su lado a reconocer las diferentes especies botánicas de la Plaza de Mina, a la que dedico una especial atención. Y José María Ronda, director del Parador Atlántico, me acompañó en muchos hermosos paseos.

-Su actitud sugiere la del viajero romántico: paso lento y atención a las pequeñas cosas.

-A los escritores del XVIII y de la primera mitad del XIX debemos el redescubrimiento y la puesta en valor de muchos paisajes andaluces y españoles, pero también la permanencia y el enquistamiento de tópicos que no nos han ayudado. Este libro es la consecuencia de muchas lecturas, de muchos paisajes y de muchos momentos. Pero El corazón manda no es sólo un libro de viajes. En él habitan otros discursos narrativos más próximos al ensayo y a la crítica de arte.

-Pintura y arquitectura tienen un peso protagonista en los diez capítulos de la obra. ¿Hay una estética que identifica con Andalucía, como las mujeres de Romero de Torres o el renacimiento jiennés?

-Andalucía es un territorio asido a una estética concreta que nos fascina, nos ilusiona, nos subyuga. De entrada estamos en una región de marcado carácter urbano, poblada de ciudades de tipología mediana y capitales fascinantes como Granada o Córdoba. Por otro lado, pocos lugares de Europa poseen tipologías paisajísticas tan distintas. El sur de España es el mejor escenario para escribir un ensayo sobre filosofía del paisaje. Y luego su historia y sus gentes la llenaron de emociones que contar. Sí. La carnalidad de las mujeres de Romero de Torres, sus ojos profundos, su sexualidad explícita, son una hermosa metáfora para definir muchos lugares de Andalucía. Pero frente a esa voluptuosidad habita una Andalucía más moderada y serena que podemos identificar con el renacimiento jiennense, muy adusto, serio, castellano, silencioso... Ese contraste es lo que emocionó a Ortega y Gasset en sus textos sobre el sur.

-El libro es también un ejercicio de memoria: en él ahonda en episodios históricos oscuros, como las revueltas en Huelva y La Carolina. ¿Por qué decidió incluirlos?

-No sólo Huelva y La Carolina sino el drama sangriento y genocida de la carretera de Almería, los sucesos de la guerra civil del 36 en Málaga de los que ya había dado cuenta Gerard Brenan y que mostraron al mundo hasta qué punto el ser humano puede ser criminal. Mi intención era doble: De un lado contribuir a que no descansen en paz las memorias de genocidas como Queipo de Llano y Franco. Y por otro evidenciar lo poco que sabemos de nuestra historia. ¿Sabe qué ha sido lo más doloroso? Comprobar que nadie recuerda hoy en día aquellos hechos. Eso es terrible.

-¿Está bien conservado nuestro patrimonio o el turismo de playa y postal lo hace peligrar?

-Lo que está en pie ya no peligra. Lo que hay que lamentar es lo que desapareció hace apenas unos años. Cádiz es una ciudad maravillosa y es compromiso de todos los gaditanos conservar la ciudad humana, hecha a escala del hombre. Ahora los mayores riesgos están en las operaciones inmobiliarias que han destrozado absolutamente (y eso ya no tiene remedio) paisajes como la Costa del Sol, incluso la Costa del Sol gaditana. Cualquiera que se oponga a que la Bahía la conviertan en un parque temático de turistas me tendrá a su lado.

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