El viajero con pepe baena

Un mar de sentidos

  • El artista Pepe Baena propone un recorrido por la playas de Motril y resalta la cala de La Joya, un lugar del que se considera "inventor"

Una ruta por el universo imaginario de Pepe Baena, reconocido unánimemente como uno de los mejores pintores motrileños, tendría como compañeros de viaje a Puccini, Wagner y Mahler. Estos convivirían con anunciaciones, Venus y él, como el eterno protagonista, en forma de Ulises o de Orfeo, preferentemente. Otras, ejerciendo de vendedor de fruta en la playa o inventor de calas.

En cualquier caso, no podría faltar el mar. "Yo soy marengo", se define el artista, quien asegura que hubiera sido incapaz de haber nacido en ningún otro sitio que no hubiera sido Motril. "Es mi caparazón, como el de un caracol". Así explica su sensación de estar perfectamente integrado en el entorno.

Sin embargo, a la hora de definir su relación con el mar le cuesta más esfuerzo. Es algo que afecta directamente a los sentidos, por lo que se hace difícil de explicar.

Una de las razones por las que el mar le seduce es por su carácter "cambiante". Después tan sólo se queda admirando su inmensidad y enaltece los colores intensos de una mañana luminosa de invierno en la Costa Tropical. Tampoco en su obra faltan los tonos fríos y, en especial, el azul.

La ruta en el mundo real de la mano de Pepe Baena se realiza mirando al mar. Motril posee una decena de playas. La del Cable comienza en las estribaciones del espigón del Puerto y llega hasta la desembocadura del río. Es una de las playas más pobladas, puesto que el autobús que conecta la playa con la ciudad tiene su primera parada allí.

Una parte que ha quedado ahora integrada en el Puerto también es recordada por sus pequeñas olas, donde los niños aprendían a nadar hace tan sólo 30 años. Igual está pasando con las Azucenas, que está llegando a ser un vago recuerdo de esta generación, como pasó con las desaparecidas flores que le dieron nombre.

La playa de Poniente es, sin duda, la más bulliciosa. Ahora, en los abundantes días soleados de invierno en Motril se dan cita los paseantes y deportistas. Baena recuerda cómo antes el mar llegaba hasta el propio paseo. Pero él dirige su mirada hacia un punto que quizá pase desapercibido para otros: 'la composición' armoniosa que forman unas palmeras junto a una construcción.

En el recorrido, la conversación animada con Baena no falta. Cuando llega a Playa Granada esta vez no le gustan demasiado las edificaciones. Algunas las cataloga de ejemplos de "pueblo andaluz del norte", otras simplemente han perdido su aire de Andalucía.

En aspectos como éste, al recordar su ciudad de antes, bromea con el carácter socarrón que le caracteriza y exclama: "Motril y yo vamos cada vez peor".

En la playa de La Joya reconoce que se quedaría a vivir y confiesa que "la inventó" él. Cuando se popularizó llegaron los agentes y se llevaron a los bañistas y tuvo que aparecer la musa para que la playa presentara su carácter más lúdico. Este es el argumento de una de sus tiras, dibujos que reflejan "escenas de la vida cotidiana", aunque a veces tan sólo sea de su imaginación. En este lugar recuerda la amabilidad de una de las vecinas de las casas colindantes a La Joya. Y explica también la existencia de tres playas, que se van convirtiendo en cada vez más inaccesibles.

La ruta finaliza en su estudio, que suele estar 'ocupado' por algunos de sus muchos amigos y por sus "niños", pintores que ha 'empujado' a la pasión y "el sufrimiento" por el arte. Docenas de cuadros habitan también en este lugar, con vida propia. Aquí se han celebrado más de una vez inesperadas exposiciones.

Óleos de distintas épocas, desde los 70, tienen su continuidad dos pisos más arriba. Las últimas obras se distinguen por la predominancia de colores fríos, frente a los primeros. Tampoco faltan las esculturas, en los que se nota la influencia de su anterior oficio de comerciante, por la presencia de maniquíes combinados por los materiales más variopintos, como un antiguo televisor 'camuflado'. Pero también se adivina ese pasado en los propios cuadros, de figuras lánguidas.

Obras figurativas o no, en cualquier caso, demostrativos de un "realismo surrealista", como Baena finalmente opta por catalogar, si no queda más remedio. Pero, con su característico humor, no se corta en definirse como "baeniano".

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